La Agencia Internacional de Energías Renovables (IRENA) ha dado a conocer una hoja de ruta que traza un nuevo camino para la matriz energética internacional. El documento publicado hace referencia a que, hacia el año 2050, se prevé que las fuentes limpias abastezcan, al menos, 92% de toda la generación de energía eléctrica en el mundo. Tal rendimiento abrumador se sustenta en el hecho de que las tecnologías solar y eólica han alcanzado una gran competitividad en precios en la mayor parte de los territorios y que, por lo tanto, la electrificación puede ser vista como una alternativa para aquellas naciones del mundo que puedan beneficiarse de ella.
Expansión del vector eléctrico y el rol de los combustibles sostenibles
En la hipótesis presentada por el organismo internacional que pretende mantener el calentamiento global en el grado y medio centígrado, la electricidad va a experimentar un avance sin parangón como vector energético dominante. Según los modelos técnicos, la participación del vector eléctrico en el consumo final de la energía en el mundo va a pasar del 23% actual a un 35% en el año 2035 para alcanzar más del 50% a mitad de siglo.
Dicha electrificación brutal, sustentada por la construcción de infraestructura renovable y el aumento de la eficiencia, es una vía que por sí sola disminuye las emisiones contaminantes e inicia la industrialización verde.
Pero, a pesar de la posición predominante que la electricidad va a ocupar en la vida cotidiana y económica, hay ciertos sectores de difícil abatimiento que van a requerir estrategias complementarias para llegar hasta lo más profundo de su descarbonización. El transporte marítimo internacional, la aviación comercial o ciertos procesos en la industria del gran peso no pueden ser directamente electrificados debido a sus altos requerimientos de densidad de potencia.
Desafíos de infraestructura y ordenamiento de las redes de transmisión
La amplia introducción de parques eólicos y solares desplaza, en consecuencia, los retos logísticos desde la capacidad de generación hasta las infraestructuras del transporte. IRENA señala que el diseño de sistemas eléctricos modernos requiere una expansión importante de las líneas de transmisión, que se cree la capacidad para el almacenamiento de energía a gran escala y que se refuercen los mecanismos que aporten flexibilidad al sistema.
El reacondicionamiento de estas plataformas físicas es el recurso básico que permite afrontar la tolerancia que estas tengan a las fuentes limpias y los cuellos de botella que comprometan un suministro sostenido hacia los grandes núcleos urbanos.
Planteada de esta manera, la transformación de la matriz mundial exige, al mismo tiempo, una planificación muy detallada propiciada por la desmetilación ordenada y progresiva de la infraestructura construida en relación con los hidrocarburos. La única manera predecible de conseguir una transición justa, segura y eficiente en todas las regiones del planeta es haciendo frente, como un todo, al envejecimiento de los activos fósiles a la vez que se construyen subestaciones inteligentes.
Metas de electrificación global y duplicación del capital de inversión
Con el fin de ordenar y organizar con lógica este intento internacional, IRENA sugiere la adopción de una meta global de electrificación del 35% para el año 2035. Esta medida estandarizada se utilizará de forma tal que cada gobierno pueda contar con criterios y parámetros para comprobar el estado actual de sus logros mientras organiza sus políticas comerciales con una dirección clara.
La fijación de un horizonte temporal realista lleva a la comunidad internacional a ofrecer a las empresas un entorno fiable, idóneo para que aumente la inversión privada y se desarrollen cadenas de valor industriales absolutamente novedosas. Para que este objetivo sectorial sea factible, la propuesta institucional debe acompañarse de la exigencia de duplicar el avance de las redes de transmisión y los flujos de inversión correspondientes para 2035.
