Hay grandes hélices girando en el cielo y, abajo, en la pradera, un insecto posado sobre una pequeña flor.
En los paisajes de Wyoming, los parques eólicos ya no son solo una transformación visual del entorno.
Estas enormes estructuras también pueden modificar algunas de las condiciones que existen cerca del suelo.
Pero mientras gran parte de las investigaciones se ha concentrado en aves y murciélagos, sabemos mucho menos sobre lo que ocurre con los insectos que se mueven entre las plantas de abajo.
¿Podrían estas torres gigantes cambiar la forma en que los insectos se comportan cuando llegan a una flor?
Cámaras en la pradera para observar a los animales más pequeños
Para resolver esa duda, un grupo de investigadoras de la Universidad de Wyoming decidió mirar hacia el suelo.
Esta vez no buscaban contar insectos muertos.
Querían observar qué hacían abejas, hormigas, avispas, mariposas, moscas y escarabajos cuando llegaban a las plantas.
El experimento requirió bastante paciencia.
Las investigadoras colocaron cámaras GoPro frente a plantas nativas con flores en seis lugares del sureste de Wyoming.
Lo interesante es que no grabaron únicamente junto a las turbinas.
Los sitios estaban ubicados a distintas distancias, desde el interior de una instalación eólica hasta un lugar situado a unos 28 kilómetros.
Así podían comparar lo que ocurría cerca y lejos de los aerogeneradores.
Después de revisar unas 45 horas de grabaciones, registraron 472 interacciones entre insectos y plantas.
En cada video anotaron qué hacía el insecto: si entraba en una flor, bebía néctar, recolectaba polen o simplemente descansaba sobre la planta.
También midieron la velocidad del viento y la temperatura del aire.
Después llegó el momento de comparar todo.
Cuando compararon los videos, algo empezó a cambiar
La distancia a los aerogeneradores no era la única variable que podía influir en el comportamiento de los insectos.
El viento también importaba.
Lo mismo ocurría con la temperatura.
Cuando aumentaban la velocidad del viento y la temperatura del aire, las interacciones entre los insectos y las plantas tendían a durar menos.
Pero las investigadoras querían saber si la distancia a las turbinas también estaba relacionada con algún cambio.
Había varias posibilidades.
Una de las preguntas era si el sonido de los aerogeneradores podía influir de alguna manera en estos pequeños animales.
Pero había un problema: el equipo no pudo medir el sonido en los lugares estudiados.
Tampoco podían asegurar que el patrón se explicara simplemente por las corrientes de aire generadas por las turbinas.
Así que todavía no podían saber exactamente qué mecanismo estaba detrás de cualquier diferencia que apareciera.
Pero cuando ordenaron las 472 interacciones según la distancia a los aerogeneradores, encontraron un patrón bastante claro.
La diferencia apareció en el tiempo que pasaban sobre las flores
Puedes revisar el estudio completo en: Weschler, M., Martin, B., & Tronstad, L. (2026). Proximity to wind turbines altered plant–pollinator dynamics in prairie and sagebrush ecosystems in Wyoming, USA. Nordic Journal of Botany, 2026(6), e04996. https://doi.org/10.1002/njb.04996
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