Hicieron posible lo imposible: el oro antinatural. Un grupo de investigadores ha demostrado que se puede crear oro en un laboratorio. Con este logro, la humanidad da un salto hacia el futuro y abre nuevas fronteras. Pero estamos hablando del oro y nunca se puede celebrar tan rápido. ¿Crearon algo real? ¿Podría producirse a gran escala? ¿Cambiará la economía mundial?
Un grupo de expertos crea oro de forma artificial
Desde los albores de la civilización, este recurso dorado ha tenido un poder hipnótico para hacernos desearlo y en la mayoría de los casos gastar otros recursos para obtenerlo.
En su estado puro, es un recurso perfecto que vence al tiempo por ser prácticamente eterno.
Hoy lo utilizamos en joyas distinguidas, microchips, tratamientos médicos y mucho más. Es un bien en el que depositamos mucha confianza.
Tanto es así que la mayoría de las personas prefieren invertir en él antes que en otros activos.
Por estas y otras tantas razones, desde hace siglos muchos han intentado crear oro. Desde los primeros alquimistas hasta los grandes cerebros de la ciencia de los últimos tiempos.
Lo cierto es que ninguno tuvo éxito. El sueño de producir oro sin limitaciones fue muriendo y se convirtió en el sueño de los tontos.
Hasta que los brillantes científicos del CERN se pusieron manos a la obra.
Oro artificial y de una forma impensada
Mientras el futuro parece apuntar hacia unas nanoesferas de oro, el presente nos sorprende con la posibilidad de fabricar oro en un laboratorio.
¿Conoces el plomo? Sí, ese metal pesado, denso y tóxico que nadie quiere, y que cada vez se usa menos. Antes se agregaba a la gasolina, a la pintura y a otros productos industriales hasta que se prohibió.
¿Imaginas poder convertirlo en oro?
Eso fue lo que los científicos del CERN hicieron. Un logro que ha dado la vuelta al mundo, generando sorpresa y expectación.
Y es que para conseguirlo, llevaron la ciencia al límite, experimentando con velocidades cercanas a la luz.
Pero hay que aclarar que esta hazaña no va a traernos riquezas, al menos no todavía. Porque si bien convirtieron el plomo en oro, solo fue por una fracción de segundo.
Sin embargo, es un gran comienzo. Uno que aumenta la comprensión sobre la materia y los límites del conocimiento.
Los científicos involucrados en esta creación artificial han medido con precisión cada paso, han entendido cuáles son las pérdidas y han diseñado solo lo mejor.
Lo mejor de todo es que gran parte de su método puede trasladarse a otros ámbitos relacionados con la transición ecológica.
Porque no solo tiene que ver con el oro, sino con progreso y mejores posibilidades para el futuro.
Método impensado para crear oro en un laboratorio
A lo largo de la historia, hemos encontrado tesoros masivos bajo tierra. Y allí es donde se ha creado oro en un laboratorio, en el Large Hadron Collider, el mayor acelerador de partículas del planeta, enterrado bajo la frontera franco-suiza.
Aunque no se ha creado exactamente dentro de un laboratorio convencional, sí ha sido en una máquina creada por el hombre.
En una serie de pruebas con iones de plomo lanzados a velocidades cercanas a la de la luz, los físicos interceptaron algo inesperado: núcleos de oro que surgieron durante una fracción de segundo antes de desintegrarse.
¡Y crearon oro!
No es una fábrica de oro, pero es el principio de algo más
No es cuestión de magia ni de suerte, sino de la presencia de campos electromagnéticos extremos, fotones de altísima energía y equipamiento refinado.
Lo curioso no es solo que suceda, sino que lo hace a menudo dentro del túnel. No siempre, solo cuando los haces se rozan sin llegar al choque.
El hallazgo, registrado en APS Journals, se respalda en la colisión ultraperiférica, un tipo de interacción en la que dos núcleos pasan muy cerca sin tocarse.
Pese a no existir contacto, sus campos eléctricos y magnéticos interactúan con una fuerte intensidad. Es ese «casi choque» el que origina una lluvia de fotones capaz de arrancar protones del núcleo de plomo.
Al perder estos tres protones, el plomo-208 se convierte en oro-205. Ocurre en unos 10⁻²³ segundos.
El experimento ALICE no fue diseñado para algo como esto, pero el equipo decidió ajustar lecturas, filtros y modelos estadísticos. Fue ahí donde apareció el ansiado oro.
Con los datos adquiridos, el equipo se aventura a analizar emisiones de cuatro y cinco protones, acercándose a núcleos como hafnio o tantalio.
¡Es el principio de algo más!
Lo que durante siglos fue un sueño imposible para los alquimistas, hoy es una realidad en los túneles del Large Hadron Collider. Ya no nos limitamos a buscar oro y utilizarlo. Hemos aprendido a crearlo. Aun así, todavía tenemos la necesidad de seguir buscando tesoros a lo largo y ancho de la Tierra.
