Aunque prometen energía limpia, las turbinas pueden ser un peligro para algunos animales.
Vistas una por una, no parecían demasiado preocupantes. Pero cuando se juntaron todas en el mapa, el resultado fue distinto.
Durante varios años, científicos estudiaron el impacto de pequeñas turbinas eólicas instaladas en zonas rurales de los Países Bajos.
Aunque cada una registraba pocos accidentes al año, el problema apareció al sumar el efecto de cientos de instalaciones.
¿Por qué estas estructuras, que parecían tener un impacto mínimo, terminaron preocupando a los investigadores?
Qué reveló el estudio sobre las muertes de aves y murciélagos
Durante varios años, un grupo de expertos recorrió el campo por encargo de las autoridades de Groningen y Frisia.
Su tarea era observar con detalle lo que ocurría alrededor de las pequeñas turbinas.
Al principio se pensaba que su impacto sobre la fauna sería reducido, pero los resultados mostraron algo que hasta entonces no se conocía con claridad.
En promedio, cada uno de estos molinos provoca la muerte de 2,2 aves y 0,8 murciélagos al año por choques con las aspas.
Al principio, que dos aves o un murciélago mueran al año en una estructura no parece un desastre enorme.
Pero la situación cambia cuando analizamos todo el contexto.
El problema no parece estar en una sola turbina. La preocupación aparece cuando se suma el efecto de cientos de instalaciones repartidas por la provincia.
Además, las muertes no ocurren de manera aleatoria.
Los accidentes son más frecuentes en molinos que están colocados cerca de árboles, edificios o cursos de agua.
Tiene sentido, porque esos son justamente los lugares donde las aves y los murciélagos encuentran alimento, refugio o tienen sus rutas habituales de vuelo.
Al colocar las turbinas cerca de esos espacios, aumenta el riesgo de que terminen chocando con las aspas.
Por qué nadie previó este impacto en las zonas rurales
Las energías renovables se han vuelto muy populares porque nos prometen cuidar el planeta y cada vez es más común ver turbinas eólicas.
Cuando comenzaron a instalarse estos pequeños molinos, se prestó atención a su integración en el paisaje y a su rendimiento.
Sobre el impacto ecológico, en cambio, había muy poca información.
Comparados con las enormes turbinas de los parques eólicos, estos pequeños molinos parecían mucho menos problemáticos.
La idea era bastante sencilla: si la estructura es pequeña, su impacto también debería serlo.
Pero el estudio mostró que el problema no depende únicamente del tamaño.
La ubicación también importa.
Cuando las turbinas están cerca de árboles, edificios o cursos de agua, pueden coincidir con lugares donde las aves y los murciélagos buscan alimento, descansan o vuelan habitualmente.
La realidad mostró que el peligro estaba en colocar algunos molinos demasiado cerca de la vida cotidiana de estos animales, tal como advierte el estudio realizado de Ecosensys y las provincias de Groningen y Frisia.
Qué medidas se están tomando para frenar el impacto sin frenar la energía limpia
Aunque los resultados preocupan, las autoridades locales no quieren prohibir estos molinos.
Cada uno genera aproximadamente 53 900 kWh al año y estas instalaciones son importantes para que los agricultores puedan producir parte de la energía que necesitan de una manera más limpia.
Por eso, simplemente retirarlas tampoco parece una solución sencilla.
Ahora el objetivo es encontrar un equilibrio.
La idea es producir electricidad sin aumentar innecesariamente el riesgo para los animales de la zona
Una de las opciones que se estudian es apagar las turbinas durante las noches de agosto, cuando los murciélagos están especialmente activos.
También se analiza la posibilidad de crear zonas de refugio y alimentación lejos de las aspas.
Así, los animales podrían encontrar lugares más seguros.
Además, quienes quieran instalar una nueva turbina deberán realizar primero una evaluación ecológica para determinar qué ubicación representa menos riesgo para la fauna.
Este caso nos enseña que incluso la energía más limpia necesita una planificación muy detallada.
No podemos permitir que la energía destruya en el aire lo que intenta proteger en la tierra.
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