En el sur de Francia, en una zona tranquila rodeada de viñedos y bosques de pinos, se está realizando el proyecto más ambicioso del siglo. Lo que se construye allí no es una nave espacial ni una súpercomputadora, es una máquina gigante que busca crear una estrella dentro de la Tierra, pero ¿Cómo es posible esto?
Un proyecto muy ambicioso
Lejos de las grandes ciudades, se está construyendo el experimento científico más ambicioso del mundo. No es una película de ciencia ficción, es una máquina gigantesca que busca hacer algo increíble: imitar el poder del Sol aquí, en nuestro planeta.
El proyecto tiene a todos los científicos emocionados porque, si sale bien, podría ser la solución que para la crisis energética. El objetivo es conseguir energía sin contaminar nuestro planeta y que, además, sea casi inagotable.
Hace poco, este proyecto ha superado una de sus mayores dificultades en ingeniería y ha conseguido retomar la instalación de sus elementos fundamentales, reavivando la esperanza de una transformación energética.
El combustible principal se sacará casi en su totalidad del agua de mar, haciendo que esta fuente sea inagotable y muy segura, sin embargo, la construcción de esta obra tiene un costo que ha generado mucha polémica.
Una obra muy costosa
Estamos hablando del proyecto ITER, el mayor experimento de fusión nuclear del planeta, cuyo presupuesto inicial de 6000 millones de dólares ha escalado hasta los 65 000 millones de dólares, un proyecto tan ambicioso como esta nueva creación japonesa.
Pero ¿Cómo funciona exactamente esta máquina única en el mundo, y por qué construir esta estrella en la Tierra es el proyecto de ingeniería más caro y complejo que ha emprendido la humanidad?
El corazón de este proyecto es el tokamak, una esfera gigante con forma de rosquilla, considerada la máquina más compleja jamás creada. Es una estructura enorme que lleva diez millones de piezas y pesa aproximadamente 450 000 toneladas.
Dentro del tokamak se imita la forma en que el Sol produce energía. Para lograrlo, los ingenieros deben calentar una mezcla de gases de hidrógeno hasta crear un plasma que alcanzará los 150 millones de grados Celsius, ¡diez veces la temperatura del núcleo solar!
Pero el gran desafío es controlar y mantener ese plasma inestable por unos siete minutos. Para eso, se usan imanes especiales, llamados superconductores, que deben ser enfriados a temperaturas de -268°C (casi el cero absoluto).
Una colaboración de 33 países
El proyecto ITER, que en latín significa «el camino», es un símbolo de la colaboración internacional, pues 33 países, incluyendo Estados Unidos, Europa, Rusia y China participan en él, sin embargo, el camino no ha sido nada fácil.
La construcción empezó en 2007 pero ha tenido muchos problemas y se ha retrasado más de lo esperado, de hecho, hace poco tuvieron que volver a construir una parte del reactor porque se encontraron grietas y fugas.
¿Una esperanza o un desperdicio de dinero?
Aunque el ITER no está diseñado para vender electricidad, su misión es probar que la fusión nuclear es técnicamente posible para que futuras plantas comerciales puedan usarla. Todos sus avances serán de acceso libre, beneficiando a científicos y empresas privadas de todo el mundo.
Pero a pesar de eso, el proyecto sigue generando mucha polémica, pues mientras algunos defensores como el físico Stephen Hawking lo vieron como «la iniciativa más prometedora para la humanidad», otros lo consideran un desperdicio de dinero.
No podemos negar que el camino es bastante complejo, sin embargo, si todo sale bien estaríamos ante uno de los proyectos más sorprendentes de la historia, al igual que el proyecto de Rusia que está asustando al mundo. Si consiguen dominar esta «estrella en la Tierra», tendremos energía limpia, segura e ilimitada.
