El sector energético en Estados Unidos acaba de experimentar uno de los giros estratégicos más radicales de los últimos años. A raíz de la celebración del prestigioso foro energético CERAWeek, el conglomerado francés TotalEnergies hizo público el acuerdo que había llegado con el Departamento de Interior del país, por el que la compañía renuncia de forma explícita a ejecutar los ambiciosos planes que tenía previstos para la construcción de parques eólicos marinos en el océano Atlántico.
El giro de TotalEnergies hacia los combustibles fósiles
La magnitud de este giro quedó patente en el evento de Houston, en el que el CEO de TotalEnergies, Patrick Pouyanné, y el secretario del Interior de EE. UU., Doug Burgum, firmaron la renuncia a todos los contratos. Específicamente, la sociedad francesa abandonará los deseados arrendamientos eólicos marinos de New York Bight y Carolina Long Bay que adquirió en la administración Joe Biden. Según los desarrolladores, el total de estos dos grandes proyectos en el Atlántico podía sumar un total de 4 gigavatios de energía eléctrica limpia, que es más energía suficiente para abastecer millones de hogares o empresas de EE. UU.
Más que dejar el mercado norteamericano, la inversión de 1000 millones de dólares que proveerá el departamento de Justicia permitirá a TotalEnergies expanda sus inversiones por otro lado. Pouyanné, en el comunicado de la compañía, confirmó que el dinero devuelto se destinará a la creación de una nueva y gigante planta de gas natural licuado (GNL) en el estado de Texas, la cual exportará gas a Europa, pero también a las operaciones de perforación petrolera en el Golfo de México y en proyectos de petróleo de esquisto.
El déficit energético y la ola de críticas al gobierno
La determinación de La Casa Blanca de eliminar proyectos renovables en un estadio inicial ha desatado una tormenta de críticas de expertos en la industria, asociaciones comerciales y ex funcionarios gubernamentales. El riesgo principal es que esta violenta obstrucción política podría acentuar de sobremanera la creciente crisis de suministro eléctrico que ya padecen los Estados Unidos. Ahora mismo, la rápida proliferación de centros de datos devoradores de energía para la inteligencia artificial combinada con la electrificación masiva de hogares y vehículos está chocando frontalmente con la alarmante escasez de energía disponible en la red, una combinación que ya ha causado subidas de precios vertiginosas en los estados del medio Atlántico.
La exdirectora de la Oficina de Gestión de Energía Oceánica del Departamento del Interior durante la administración Biden, Elizabeth Klein, fue contundente al analizar el impacto de este acuerdo. La ex funcionaria explicó que esta política «en realidad causará un mayor déficit de energía en nuestro país y aumentará el costo de la energía, sin duda a lo largo de la costa este». Klein apuntó que la anulación del proyecto neoyorquino es un renuncio aplastante para una zona que está en necesidad urgente de nuevas fuentes de electricidad, llegando a asegurar «que la actual administración esté cortando eso no tiene ningún sentido».
El efecto dominó y el futuro de las concesiones paralizadas
El sorprendente giro estratégico a TotalEnergies ha abierto una caja de Pandora legal y comercial en el ámbito del sector energético internacional, y ha planteado la gran incógnita de si este acuerdo es tan sólo el primero de muchos otros más que vengan. El Departamento del Interior ha guardado absoluto silencio ante las consultas de la prensa en torno a la existencia de más negociaciones abiertas, pero la presión corporativa empieza a hacer mella. Varias compañías de energía han manifestado públicamente que también pedirán la devolución de su dinero si la administración Trump se niega sistemáticamente a concederles los permisos que necesitan para poder desarrollar los parques eólicos marinos ya pagados por éstas.
