Seguridad biológica y su evolución... Un poco de reflexión

La seguridad biológica ha sido una cuestión muy controvertida desde el nacimiento de la biotecnología moderna. En este artículo se describe cómo ha evolucionado el debate sobre este asunto en las tres últimas décadas, analizando aspectos como percepción ciudadana, tratamiento legislativo, consideraciones éticas y los últimos desarrollos en este campo.

El entusiasmo peligroso hacia los transgénicos. A propósito de un salmón experimental llamado Frankenfish

Nuestro país fue desde el 2009 hasta algunos meses atrás y con el desconocimiento absoluto de la población, el paraje ideal que encontró la multinacional estadounidense AquaBounty Technologies Inc., para criar hasta la adultez, los huevecillos del salmón transgénico que habían sido producidos en la isla canadiense Prince Edward. Es decir, que con un desprecio injustificable a los cuestionamientos profundos y sólidos que se le hacen a la manipulación genética de los seres vivos, se nos convirtió en el laboratorio principal para producir a escala comercial, el primer animal transgénico destinado para el consumo humano.

Laboratorios “investigando”, el estado argentino “supervisando”. ¿Qué es peor: el soneto o la enmienda?

En Argentina los laboratorios están de parabienes. La presidenta acaba de anunciar que “el paquete” de vacunas pasa de las 6 que se suministraban hasta 2003 a 15 para 2011… Refiriéndose hoy a vacunas, se hace imprescindible analizar el comportamiento de los laboratorios con la producción, colocación, venta de vacunas y con un momento previo: su elaboración, experimentación y aprobación. Están pasando episodios demasiado graves como para sólo apostar al médico de M. E. Walsh con su cuatrimotor luchando contra el brujito de Bululú. Esa historia sarmientina de la medicina está obsoleta, o tal vez, mucho peor, se ha ido transformando, como el retrato de Dorian Gray.

De Tuskegee a Guatemala pasando por Nuremberg

El gobierno de Estados Unidos con frecuencia ha llevado a cabo experimentos sin consentimiento informado de los sujetos. Se administró estrógeno a niveles de riesgo a mujeres mientras se probaban las pastillas anticonceptivas. En otras investigaciones, se inyectó plutonio a pacientes hospitalizados que no se habían ofrecido como voluntarios para estudiar los efectos de ese elemento en el cuerpo humano. Dow Chemical, Johnson & Johnson y las autoridades de la cárcel de Pensilvania expusieron a los internos a químicos, entre ellos a dioxinas, para probar sus efectos. Muchas de las personas sometidas a este tipo de experimentación han muerto o han visto sus vidas dañadas de forma permanente. Todo esto en nombre del progreso o de las ganancias.