Los alimentos no son mercancía

Si bien desde hace décadas, en instancias internacionales, los gobiernos han asumido compromisos para lograr un planeta que garantice una alimentación digna para todos y todas, el hambre perdura como un asunto crítico irresuelto.  En 1974, la Conferencia Mundial de las Naciones Unidas sobre la Alimentación, precisamente, estableció como objetivo: “dentro de una década ningún niño se irá a dormir con hambre… ningún ser humano se verá afectado por la desnutrición”.

Crítica al ecologismo individualizado

Cada vez tenemos más pruebas de que la humanidad se enfrenta a una crisis civilizatoria cuya expresión más notoria se encuentra en las repercusiones de una catástrofe ambiental, expresadas por el cambio climático y el calentamiento global y los efectos que ambos procesos acarrean. Es claro también, que esta crisis está vinculada en gran medida al desconocimiento de los límites naturales de nuestro planeta; desconocimiento entendido no como ignorancia sino como negación por parte de la dinámica del capital (1) que se ha impuesto como hegemónica en todas las esferas de la vida social.

El derecho a soñar… en otro mundo posible

Solo el “derecho colectivo a soñar” puede ser tan o más importante que los derechos humanos en su concepción más amplia –económicos, sociales, culturales y de la persona-. El derecho a soñar es sinónimo de búsqueda de alternativas, en lo micro, en lo macro, en una construcción social cotidiana o en la elaboración de conceptos y teorías que promueven el bien común. Una apuesta a comprender de otra manera el planeta, la solidaridad internacional y las múltiples y variadas relaciones entre los seres humanos.

Guerra contra el mar

La especie humana, prevalida de su fuerza, obnubilada por su tecnología, enloquecida por la lógica del capital, le ha declarado una guerra de exterminio al mar y a sus pobladores. La humanidad extrae de los mares y océanos más de cien millones de toneladas de seres vivos al año, de los cuales más del 20% son descartados y desechados, 20 millones de toneladas de peces a los que se les quita la vida sólo para ser arrojados como basura al mar. Pero no sólo hemos desencadenado una limpieza étnica en contra de sus moradores, también lo hemos atacado con todos los venenos y tóxicos que nuestra locura tecnológica ha producido.