Este 7 de abril en la tierra ocurrió un temblor en las cercanías de Salina Cruz, Oaxaca. Sin embargo, con información oficial proporcionada por el Servicio Sismológico Nacional (SSN), el temblor se registró a las 12:30 horas del centro de México.
Este temblor alcanzó una magnitud de 4.1 en la escala de Richter y tuvo su epicentro a 97 kilómetros al sureste de Salina Cruz, pero la profundidad estimada es de 16 kilómetros, un nivel considerado superficial, lo que incrementa su posibilidad de ser percibido por la población.
Por otro lado, vecinos de la zona mencionaron haber sentido el temblor, aunque hasta el momento no se informó sobre daños estructurales ni víctimas. Sin embargo, las autoridades activaron los protocolos de seguridad correspondientes ante estos casos.
Las indicaciones de Protección Civil ante un fuerte temblor
Tras el evento sísmico, las autoridades recomiendan no difundir rumores ni caer en desinformación, el Centro Nacional de Prevención de Desastres (Cenapred) sugiere atender a las indicaciones de Protección Civil a nivel local, estatal y federal.
Además, es necesario revisar las condiciones de las viviendas para descartar daños estructurales (en el Caribe hubo un sismo en febrero), pero que en caso de encontrar grietas importantes, fugas de gas o cortes de energía, se debe evacuar de inmediato.
También se aconseja no encender cerillos o velas hasta confirmar que no hay presencia de gases inflamables. La recomendación más repetida por Protección Civil es preparar un plan familiar, identificar zonas de seguridad en casas, escuelas o centros de trabajo, y contar con una mochila de emergencia.
Puntos importantes sobre el movimiento de este lunes que no fue el único del día
También se registró un sismo frente a las costas de Guerrero, a 85 kilómetros al suroeste de Acapulco, en ese sentido, aunque su magnitud fue apenas de 4.0, estos eventos reiteran que el suelo mexicano se encuentra en constante tensión.
Y es en este punto donde se revela el dato clave: ambos temblores se produjeron dentro de la región conocida como la Brecha de Guerrero, una franja sísmica con acumulación de energía geológica que, según expertos del Centro de Instrumentación y Registro Sísmico (Cires), podría generar un gran terremoto en los próximos años.
Esta zona, junto con las costas de Oaxaca y Chiapas, concentra gran parte de los temblores que se registran en el país. Las condiciones tectónicas que se dan ahí son similares a las que provocaron los sismos de 1985 y 2017.
Fechas anteriores en las que México demuestra un pasado marcado por grandes terremotos
Si bien muchos recuerdan los devastadores efectos del 19 de septiembre de 1985 y el del mismo día en 2017, el más potente ocurrió en 1787, porque aquel sismo, de 8.6 grados de magnitud, tuvo su epicentro en Oaxaca y causó un tsunami que se adentra 6 kilómetros tierra adentro.
En este sentido, en 1985, el epicentro se ubicó en Guerrero; en 2017, entre Puebla y Morelos, pero en ambos casos, los daños materiales fueron extensos y las pérdidas humanas, dolorosas (antecedentes del Terremoto en Birmania). La experiencia de esos años dejó enseñanzas sobre la importancia de una cultura de prevención sísmica.
En el caso del temblor que sucedió el 28 de marzo de 1787, en tiempos del Virreinato, aquel sismo tuvo una magnitud de 8.6 y su epicentro también se ubicó frente a las costas de Oaxaca, pero su fuerza generó un tsunami que ingresó seis kilómetros tierra adentro.
México no es el único país de América con alta exposición a sismos
Los terremotos son una catástrofe natural muy recurrente en la zona, y corriendo a México del eje central en Estados Unidos como California, Alaska y Hawái se ubican sobre el llamado “Anillo de Fuego del Pacífico”, una de las zonas tectónicas más activas del mundo.
Según el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS), tres de cada cuatro estadounidenses viven en áreas susceptibles a sismos potencialmente destructivos en ciudades del noreste del país, como Nueva York y Boston, están consideradas en zonas de riesgo.
En California, urbes como San Diego, San José y Vallejo son especialmente vulnerables por la presencia de fallas geológicas como la de San Andrés., pero su historial sísmico incluye tragedias como la de San Francisco en 1906 y Loma Prieta en 1989.
