Tomar un Uber o un Lyft se ha vuelto algo tan normal que la mayoría de las personas ya ni se pregunta quién está detrás del volante.
Pero esa sensación de confianza lleva tiempo resquebrajándose.
Las denuncias por agresiones, los casos de conductores que utilizaban cuentas ajenas e incluso la presencia de impostores cerca de bares y zonas de ocio han puesto el tema de la seguridad en el centro del debate.
Y eso está teniendo consecuencias.
En distintos puntos del país, los legisladores han empezado a impulsar normas más estrictas. El objetivo es tranquilizar a los pasajeros, pero la otra cara de la moneda es que trabajar en estas plataformas podría dejar de ser tan sencillo como hasta ahora.
El problema de fondo no son solo las agresiones
Cuando se habla de seguridad en Uber y Lyft, muchas personas piensan inmediatamente en los casos más graves. Pero las preocupaciones van mucho más allá.
Uno de los asuntos que más inquieta a las autoridades es el uso compartido de cuentas.
Aunque las plataformas prohíben esta práctica, se han detectado situaciones en las que la persona que recoge al pasajero no es la misma que aparece en la aplicación.
Eso significa que alguien que nunca pasó por los controles de verificación puede terminar realizando viajes.
A esto se suma otro fenómeno que preocupa especialmente a los investigadores y a las fuerzas de seguridad: los llamados conductores impostores.
No trabajan para ninguna plataforma. Simplemente se colocan cerca de conciertos, discotecas o eventos multitudinarios y esperan que algún pasajero confundido se suba a su vehículo creyendo que es el coche que había solicitado.
También han surgido críticas por los sistemas de revisión de antecedentes. Algunos grupos sostienen que ciertos conductores con historiales preocupantes consiguieron superar los filtros, alimentando la percepción de que las aplicaciones deben reforzar sus controles.
Todo esto ha ido acumulando presión sobre las empresas y sobre los legisladores.
Más controles, más verificaciones y nuevas herramientas
La respuesta que empieza a ganar fuerza es bastante clara: aumentar las medidas de seguridad.
Las propuestas que se están discutiendo incluyen revisiones de antecedentes más frecuentes y mecanismos que permitan confirmar de forma periódica la identidad de los conductores.
Además, algunas iniciativas contemplan herramientas para grabar audio y video durante los trayectos desde la propia aplicación, así como procedimientos más rápidos para atender denuncias.
La idea es sencilla.
Que el pasajero tenga la certeza de que la persona que aparece en la pantalla del teléfono es realmente quien está conduciendo.
Sin embargo, no todos ven estos cambios de la misma manera.
Muchos choferes consideran que las exigencias podrían multiplicarse con el tiempo y hacer más complicado mantener una cuenta activa. Otros creen que unas reglas más estrictas ayudarán a mejorar la confianza de los usuarios y, a largo plazo, beneficiarán al sector.
La discusión sigue abierta, porque proteger a los pasajeros y facilitar el trabajo de los conductores no siempre resulta fácil.
Los estados ya empiezan a mover ficha
Algunos gobiernos estatales han decidido pasar de las palabras a los hechos.
En Colorado, por ejemplo, Colorado General Assembly se aprobó una legislación que endurece las revisiones de antecedentes y establece restricciones permanentes para determinadas condenas relacionadas con violencia o acoso. También busca evitar que un conductor expulsado de una plataforma pueda seguir operando sin problemas en otra.
Virginia ha seguido una línea parecida.
Las nuevas normas de Virginia General Assembly amplían las comprobaciones sobre los antecedentes y obligan a revisar todas las direcciones donde haya residido el conductor desde que cumplió 18 años.
Mientras tanto, California se prepara para un debate que podría tener consecuencias importantes para todo el sector. Allí se estudian medidas destinadas a aumentar la responsabilidad de Uber y Lyft cuando los usuarios sufren daños durante un viaje.
Todavía no existe una normativa única para todo el país.
Pero la tendencia parece bastante evidente.
Después de años en los que bastaba con superar unas verificaciones básicas para empezar a conducir, los controles están aumentando y las plataformas se enfrentan a una presión cada vez mayor.
Y si otros estados siguen el mismo camino, obtener y conservar una cuenta activa en Uber o Lyft podría exigir mucho más que tener un automóvil y una licencia vigente.
