Sabemos que los países no siempre se llevan bien, pero esta vez, la relación de negocios entre México y Estados Unidos está pasando por un momento muy delicado, pues el gobierno mexicano ha decidido que es hora de defender su economía y una de sus industrias más grandes. Un conflicto muy grande está ocurriendo en un sector que da trabajo a muchísimas personas y es indispensable para mover el comercio en toda América del Norte, pero ¿De qué sector estamos hablando? ¿Cuál es el problema? Acá te contamos todo.
Un gran problema para México
Hay un área de negocios muy importante para México, que está muy conectada con Estados Unidos, pero ahora, está sufriendo por culpa de unas reglas nuevas que impuso el gobierno de Washington. Sucede que las nuevas tarifas que están aplicando rompen el equilibrio que supuestamente garantizaba el acuerdo de libre comercio, el T-MEC, pero ¿De qué sector se trata?
Se trata de la producción de camiones y autobuses. Sucede que Estados Unidos puso un impuesto del 25% a estos camiones hechos en México, lo cual va en contra del acuerdo de libre comercio que firmaron. Es un golpe directo a la industria que nos mantiene en movimiento y ahora, el gobierno mexicano ha decidido decir basta.
Lo más sorprendente y lo que hace la medida injusta es que estos camiones usan en promedio el 60% de piezas que fueron fabricadas en Estados Unidos. México exige que se quite esa tarifa, pues está frenando el crecimiento de toda una industria que es vital para miles de familias mexicanas y para la economía regional y el país ya no piensa permitirlo.
Camiones con etiqueta «Hecho en EE.UU.»
El secretario de Economía de México, Marcelo Ebrard, ha señalado sin dudar que la decisión que tomó Estados Unidos de imponer ese impuesto va directamente en contra de lo que se firmó en el T-MEC. Su argumento es que si un camión fue fabricado en México, pero la mayoría de sus piezas provienen de Estados Unidos, debería ser tratado exactamente igual que un camión que se armó en suelo estadounidense.
Ponerles un impuesto tan alto, del 25%, rompe por completo con el principio de igualdad y de libre comercio que el tratado prometía para toda la región, por eso, la estrategia que México está usando es muy sencilla y se basa en la reciprocidad. Básicamente, quieren que los camiones puedan usar el mismo sistema de descuentos y beneficios que ya se aplica con éxito a los autos más pequeños.
Si se logra que esta medida sea aceptada, ese impuesto tan costoso del 25% bajaría muchísimo. Esto no solo aliviaría la carga financiera, sino que permitiría a las grandes empresas productoras (como Volvo, que ensambla camiones en México) ser mucho más fuertes y competitivas en el mercado internacional, garantizando la estabilidad de la industria, justo ahora que las ventas de autos eléctricos se han disparado.
Una batalla por el empleo y la economía mexicana
No podemos negar que esta discusión sobre el impuesto es muy delicada porque el conflicto afecta a miles de trabajos en México y a un mercado que necesita enviar constantemente camiones y autobuses hacia el norte. El gobierno mexicano piensa que la postura de Washington rompe la idea de ayuda mutua, limitando que las empresas de los dos países sigan trabajando cada vez más juntas.
México busca usar esta negociación para mostrar que es un socio esencial y que se debe trabajar en conjunto, sin imponer medidas que perjudiquen a la producción de toda la región. El gobierno se ha puesto muy firme para defender una de sus industrias más importantes, que le dan empleo a miles de familias. Al exigir que Estados Unidos elimine el injusto impuesto del 25%, México busca asegurar que se respeten las reglas del T-MEC, así como deben respetarse las reglas de tránsito para evitar multas. México no va a permitir que una industria corra peligro, y su postura busca que el comercio libre se base en la igualdad y no en decisiones que solo benefician a un lado de la frontera.
