EE. UU. mantiene una exhaustiva estrategia de presión sobre Cuba, con medidas económicas y energéticas que azotan al régimen comunista. Lejos de retroceder, el secretario de Estado, Marco Rubio, aseguró que continuarán con este plan, el cual consta de 4 claves fundamentales con las que Washington intenta demostrarle al Gobierno de Miguel Díaz-Canel que no hay escapatoria.
Restricciones económicas y energéticas
Las restricciones económicas de EE. UU. contra Cuba son parte de una estrategia que data de la década del 60. A través de estas medidas, se impuso un cerco a las importaciones y exportaciones, oficializaron embargos comerciales e instaron a aliados a frenar transacciones con la isla. El objetivo principal de esta medida era disminuir los recursos económicos del régimen.
Si bien hubo épocas de flexibilización, como en la administración de Barack Obama, también se registraron estrategias más exhaustivas por parte de Washington. Una de ellas fue el cerco energético impuesto este año bajo las órdenes del presidente Donald Trump, el cual profundizó la crisis en el país caribeño y creó una emergencia sanitaria sin precedentes.
Esta nueva medida impide la llegada de petróleo a la isla, con suspensiones de contratos con países que anteriormente proveían de crudo al régimen de Díaz-Canel, como Venezuela. También implica sanciones a empresas privadas que trabajen con el Gobierno cubano en esta área. Se trata de una estrategia que golpeó de manera profunda la economía y el normal funcionamiento del país.
Sanciones a entidades
Como forma de aumentar el asedio sobre la isla, la administración de Donald Trump inició un proceso de sanciones a más de 40 entidades, que van desde empresas extranjeras que operan en la isla hasta conglomerados cubanos de combustible, minería y banca. Mediante esta política, Washington pretende desactivar las operaciones locales para profundizar la crisis económica y energética en el país.
Un claro ejemplo de esto es la sanción contra Cupet, la petrolera estatal cubana, a la que Marco Rubio acusó de haber expropiado de manera ilegal activos claves a propietarios estadounidenses. Además, consideró crucial hacer énfasis en las productoras energéticas locales, ya que el régimen utiliza la energía como un arma contra su pueblo.
Aislamiento diplomático
Además de las sanciones contra Cuba, sus empresas y otras entidades vinculadas al régimen, EE. UU. lleva adelante un plan de aislamiento diplomático. A través de comunicados oficiales firmados por el Departamento de Estado, presionan a otros países para cortar toda relación con la isla. Sobre todo, exigen frenar el apoyo al programa cubano de exportación de médicos, al que califican como «trata de personas».
Venezuela puede servir como ejemplo de esta estrategia, ya que Washington, tras su intervención en el país caribeño, obligó a cortar todo vínculo con la isla. Esto fue un duro revés para el régimen de Díaz-Canel, ya que era uno de los aliados más importantes que tenía en la región y funcionaba como uno de sus principales proveedores de petróleo.
Campaña mediática contra el régimen
La campaña mediática contra el régimen comunista es otra de las claves de la estrategia de presión estadounidense. En estos últimos años, se intensificó esta estrategia, con publicaciones constantes de informes que ponen el foco en el fracaso del régimen de izquierda. Los principales medios del mundo hablan en sus artículos sobre la crisis alimentaria, económica, energética y sanitaria que azota a la isla.
Desde el Observatorio de Medios de Cuba denunciaron esta estrategia por parte de Washington. Sin embargo, lejos de ocultarlo, el Departamento de Estado, dirigido por Marco Rubio, ratifica este tipo de campañas, asegurando que el objetivo es mostrar la situación de un país anticapitalista y antiestadounidense. «Lo que intentamos enseñarles es que no hay escapatoria», declaró Rubio sobre este plan.
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