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La protección de los hábitats naturales y el uso sostenible de los recursos resultan clave para frenar la crisis de biodiversidad según la ONU

Por Luz Vaquero · 17 octubre, 2026 · 2:03 p. m. · 4 min de lectura Compartir: f 𝕏 in
La protección de los hábitats naturales y el uso sostenible de los recursos resultan clave para frenar la crisis de biodiversidad según la ONU
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La Organización de las Naciones Unidas ha emitido una categórica advertencia sobre la continuada pérdida de biodiversidad, pues los ecosistemas de la Tierra son absolutamente esenciales para la vida humana, así como para la economía mundial, que depende de ellos. Los hábitats naturales son, hoy en día, portadores de profundos valores culturales y espirituales, y también contribuyen con más del 50 % del producto interior bruto mundial. No obstante, la humanidad se ve abocada a afrontar una severa «triple crisis» del cambio climático, la contaminación y la acelerada extinción de especies.

La magnitud de la deforestación y la degradación del suelo

A pesar de que el bosque actual cubre el 31,8 % de la superficie terrestre, la presión ejercida por las actividades humanas ha llevado a un alarmante proceso de retroceso ecológico en las últimas décadas. El mundo ha perdido unos 247 millones de acres de la valiosa cubierta forestal comprendida entre 2000 y 2020.

La expansión agrícola, que constituye la principal causa directa del casi 90 % de la deforestación, está íntimamente vinculada a nuestros modos de producción actuales de alimentos. La cosecha industrial de aceite de palma es un claro ejemplo del efecto de los monocultivos, pues tan solo esta cosecha fue responsable del 7 % de la deforestación mundial entre los años 2000 y 2018, ya que con la explotación de la palma aceitera se han transformado ricos bosques en extensas planicies de explotación.

Aunque la deforestación se ha ralentizado (cayendo de 29,6 millones de acres anuales entre 2010 y 2015 a 24,7 millones de acres entre 2015 y 2020), al ritmo actual se tardarán 25 años más en detener la pérdida de bosques tal y como establece el Objetivo 15, todo ello sin mencionar que al mismo tiempo la proporción de suelos degradados a nivel mundial aumentó del 11,3 % al 15,5 % entre 2015 y 2019.

La condenación de las especies y el peligro de la zoonosis

La incesante deforestación ocasiona la eliminación instantánea de los hábitats que mantienen cerca del 80 % de las especies de animales terrestres, plantas, insectos y otros organismos del planeta. Debido a esta disminución del refugio, es la biodiversidad global la que se ve reducida a un ritmo mucho más acelerado que en cualquier momento registrado de la historia y, actualmente, más de 48 600 especies se ven amenazadas de extinción, una crisis que afianza el destrozo del débil equilibrio de la naturaleza y deja los ecosistemas restantes demasiado vulnerables a cualquier perturbación. Junto a ello, guiados por el Marco Mundial de Biodiversidad de Kunming-Montreal, 155 países ya están reforzando sus leyes ambientales y desarrollando sus objetivos nacionales para 2025.

Más allá del daño ambiental, la sobreexplotación de la vida silvestre, la agricultura no sustentable y el deseo creciente de una oferta de proteínas animales están haciendo que surjan y se propaguen enfermedades zoonóticas importantes. Enfermedades zoonóticas que saltan de los animales silvestres a los humanos (como el brote de COVID-19) provocan la muerte de casi dos millones de personas cada año.

Las estrategias de mitigación y el papel de las comunidades locales

Para alcanzar los objetivos de conservación establecidos y defender la salud de este planeta, también es necesario que modifiquemos nuestros hábitos de consumo diarios. El consumidor individual tiene un papel muy importante que desempeñar, por ejemplo, mediante el reciclaje, mediante la elección de una dieta sostenible o mediante el uso estricto de los recursos necesarios.

También resulta primordial respetar la vida salvaje, de manera que solo participemos en experiencias de ecoturismo que sean responsables y éticas, de manera que se garantice que los comportamientos o los hábitats de los animales no se vean afectados debido al desarrollo de esas actividades recreativas o turísticas. Estas pequeñas iniciativas se ajustan a las cuatro metas orientadas a resultados para 2050 y a los 23 objetivos fijados para 2030. 

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