El mandatario cubano ofreció este jueves una conferencia de prensa en la que confirmó que su gestión está abierta a iniciar conversaciones con la administración republicana. Ante el inminente agravamiento de la crisis energética en Cuba, Miguel Díaz-Canel espera resolver las diferencias históricas con la potencia mediante un acuerdo bilateral.
Cuba a corto plazo: apagones y desabastecimiento de combustible y alimentos
En plena confrontación con Estados Unidos, la reciente orden ejecutiva firmada por Trump (que promete severas sanciones para los países que transaccionen petróleo con la isla) dejó en jaque la golpeada economía de la pequeña nación, que enfrenta un cruento panorama a corto plazo ante la escasez de crudo.
Dadas las circunstancias, las alarmas no tardaron en dispararse para los locales, que deberán sobrevivir a un hostil clima que promete falta de alimentos, combustibles e incremento en la frecuencia de los apagones, que ya forman parte de la cotidianeidad.
Así lo confirmó este lunes la embajada norteamericana en Cuba, que emitió un extenso comunicado en el que advirtieron sobre la riesgosa condición actual del país a los ciudadanos estadounidenses residentes o próximos a viajar a la isla.
Desde el organismo, adelantaron un catastrófico escenario como resultado directo del desabastecimiento de petróleo, que constituye la principal fuente energética para propulsar el suministro eléctrico. En consecuencia, las autoridades vaticinaron la afectación de los servicios en hospitales y comercios que requieren refrigeración.
Asimismo, describieron la formación de «largas filas» de conductores, ávidos por obtener combustible para sortear la escasez de gasolina que también obstaculizará la distribución de productos en todo el territorio nacional.
«Tome precauciones conservando combustible, agua, alimentos y la carga de su teléfono móvil, y prepárese para interrupciones significativas», recomendaron. Aunque, como principal medida de recaudo, pidieron a los norteamericanos evitar viajar al destino centroamericano.
Pues, según afirmaron, el gobierno de Miguel Díaz-Canel promueve la revitalización de la retórica antiestadounidense, con protestas organizadas en las calles para expresar el repudio por Donald Trump y su gestión. De la misma manera, aseguraron que en las fronteras de la isla se registraron «incidentes» en los que se denegó el ingreso a los ciudadanos estadounidenses.
Miguel Díaz-Canel defiende la reputación de la isla
En este escenario, el heredero de la línea castrista y representante del régimen, Miguel Díaz-Canel, ofreció una conferencia de prensa en la que explicitó la postura de su país ante una nueva avanzada de Estados Unidos, que busca eliminar la célula de la izquierda más fuerte de Occidente.
En primer lugar, el funcionario buscó combatir la narrativa del aislamiento de Cuba. Ya que, luego de la caída de Nicolás Maduro y el reciente acercamiento de Colombia al gobierno republicano, su único aliado fuerte en la región sería México, que se resiste a abandonar al pueblo cubano.
«Cuba no está sola», aseguró ante los micrófonos. Y agregó: «Hay mucha gente, gobiernos, países, instituciones, empresas que están dispuestos a trabajar con Cuba». Con estas palabras, Díaz-Canel pretendió proyectar una imagen próspera de una nación que, puertas adentro, se desmantela.
En segundo lugar, el presidente respondió a los argumentos del gobierno de Estados Unidos, que solventó la nueva campaña contra la isla en la presunta urgencia de combatir la que sería la principal sede de organizaciones terroristas en el hemisferio.
«Cuba no es un país terrorista ni una amenaza para la seguridad de EE. UU.», ratificó. En línea con ello, argumentó que actualmente no existen bases militares extranjeras en sus territorios, salvo la «base ilegal» de Norteamérica que está instalada en Guantánamo.
Cuba, abierta al diálogo
Consultado acerca de la evolución del conflicto con la potencia, lejos de cualquier postura rígida y de resistencia, Díaz-Canel aseguró que están preparados para sentarse a la mesa de negociaciones con la contraparte, «sin presiones, sin precondicionamientos» y en una posición de igualdad y respeto mutuos.
«Cuba está dispuesta a un diálogo con Estados Unidos», garantizó, a la vez que defendió que la postura de la isla fue históricamente dialoguista, adjudicando al país anglosajón la decisión de haber profundizado la grieta entre ambos con medidas hostiles como el bloqueo económico.
