El Ministerio de Asuntos Exteriores de la Federación de Rusia ha llevado a cabo una dura declaración que certifica que, a partir de este 5 de febrero, ya ha terminado por completo el Tratado sobre Medidas para la Ulterior Reducción y Limitación de las Armas Estratégicas Invasivas (Nuevo START). Con el fin de este tratado, Moscú ha manifestado que las partes «a partir de este momento ahora ya no quedan vinculadas por ningún tipo de compromisos» y pueden elegir qué pasos seguir.
El final de las obligaciones y la iniciativa desestimada
En un contexto mundial caracterizado por la incerteza, el Ministerio de Asuntos Exteriores de la Federación de Rusia ha manifestado que el Kremlin está aún dispuesto a tomar «contramedidas decisivas técnicas y militares» para hacer frente a otras amenazas a su seguridad nacional. Pero matizó que el país está dispuesto a retomar la búsqueda de vías políticas y diplomáticas, eso sí, siempre que se procuren las condiciones necesarias para la interacción basada en la igualdad.
La expiración del tratado, que se había firmado originariamente en el año 2010 y prorrogado en 2021, significa el derrumbe del último gran pilar de control de las armas nucleares entre Washington y Moscú. Rusia había suspendido su participación en el mes de febrero de 2023 alegando la «política altísimamente hostil de la Administración de Joe Biden» y las acciones desestabilizadoras de Estados Unidos en materia de defensa anti-misiles.
Pese a su suspensión, Moscú sostiene su voluntad de intentar mantener cierto statu quo. La Cancillería recordó que el 22 de septiembre de 2025 el presidente Vladímir Putin había propuesto que las dos partes estuvieran dispuestas a limitarse (adoptando limitaciones autoimpuestas respecto a los topes de armamento) de forma voluntaria durante un año tras la expiración del tratado. Sin embargo, Rusia denuncia que «nunca fue recibida ninguna reacción oficial» por parte de Estados Unidos y que la presentación de ideas fue «dejada deliberadamente sin respuesta», con lo cual se ha llegado a un vacío jurídico.
Un entorno sin regulaciones ni controles
Con la finalización del Nuevo START se extinguen (por lo menos de forma oficial) los límites obligatorios que atenazaban a las dos grandes potencias nucleares a un máximo de 1500 ojivas y 700 misiles balísticos y bombarderos desplegados. Expertos advierten de que el mundo abandona un «freno fundamental en el desastre: quedaría ya ante la voluntad de cada uno de ellos para averiguar hasta dónde quiere llegar».
La desaparición del pacto no significa únicamente acabar con los límites ya mencionados, sino que también termina con el sistema de inspecciones que verificaba que se estaba cumpliendo lo pactado, con lo que disminuye a cero la predictibilidad estratégica que el tratado había garantizado durante sus primeros años de implementación.
La sombra de China y la nueva carrera armamentista
La dificultad para prever una renovación del tratado, además de las cuestiones anteriores, obedece también a cambios estructurales en el sistema internacional. Donald Trump, que ha manifestado su interés por un nuevo acuerdo, condiciona cualquier marco de negociación a incorporar a China, su primera gran preocupación estratégica. El gobierno chino ha incrementado su arsenal, de 300 en 2020 a alrededor de 600 en 2025, y estimaciones apuntan a que pueda pasar de la barrera de las 1000 en 2030.
En este sentido, China se niega a formar parte de negociaciones trilaterales hasta que no tenga una posición igualitaria con las superpotencias, alegando la necesidad de preservar su capacidad de represalia o segundo golpe. Ante este bloqueo y con el 90% de las armas nucleares en manos de Washington y de Moscú, se concluye por parte de los analistas que «la carrera armamentística ya ha empezado», con programas de modernización sin precedentes que se hallan en marcha.
