Las autoridades norteamericanas confirmaron del despliegue de su personal en la costa del Pacífico ecuatoriano, lo que confirma el inicio de una nueva fase de cooperación en el ámbito de seguridad entre ambos países. La llegada del contingente se encuentra en línea con la ejecución de los acuerdos apalabrados hace un poco más de un mes por la visita de la secretaria de Seguridad de EE.UU. Manta, por su localización ofrece un comercio estratégico con el archipiélago de Galápagos. De esta manera, vuelve a ser el punto desde donde se ejerce el control marítimo, el punto desde donde se pueden no sólo vigilar las rutas de la droga, sino también el tráfico de personas y la pesca ilegal.
Ingeniería legal a partir del «No» en las urnas
La iniciativa se produce en un momento de extrema delicadeza política. Hace tan solo un mes, un 60% de los ecuatorianos votaron en referéndum en contra de la posibilidad de restaurar bases militares extranjeras de forma permanente. Y la Embajada de los Estados Unidos en Quito, rápida como nunca, pactó en la red social X que esta acción cumple con la legislación del país: es una «operación temporal» , con el objetivo de mejorar las capacidades de las fuerzas locales; no es, por lo tanto, una acción en la que se compromete la soberanía territorial.
El objetivo es «proteger a los Estados Unidos y a Ecuador frente a las amenazas que compartimos» , en este caso contra los «narco-terroristas» . Y este matiz semántico —operación temporal, frente a base permanente— es la llave que el gobierno de Noboa ha logrado utilizar para dejar las puertas abiertas a Washington sin atropellar el mandato de las urnas.
El mensaje de Noboa
Ya con el personal militar en el terreno, el presidente Daniel Noboa hizo oficial la operación con un mensaje muy contundente que expresa su doctrina de seguridad. A través de sus redes, el presidente confirmaba que la operación tiene el respaldo total de la Casa Blanca y dio cuenta de los objetivos con dureza: «Esta operación nos va a permitir identificar y desarticular las rutas del narcotráfico, y someter a quienes creían que se podían tomar el país».
Noboa, que ya durante la campaña del referéndum había defendido la utilidad de Manta como el lugar de operaciones, pone ahora el ímpetu en una estrategia bilateral a largo plazo. El contexto regional no es menor: esta operación sucede en medio de un despliegue estadounidense en el Caribe y el Pacífico, en el que los norteamericanos han multiplicado sus operaciones bombardeando decenas de supuestas narcolanchas desde septiembre. Con Manta como lugar de operaciones, el círculo con el crimen organizado en el Pacífico oriental parece cerrarse.
Un Pacífico en tensión
Este retorno a Manta no es un hecho circunstancial. Es una pieza más de un tablero mucho más grande y agresivo, ya que la operación arranca junto a una operación militar estadounidense que no tiene precedentes cercanos en la región. Mientras el mundo pone la mirada en el cerco naval a las costas de Venezuela en el Caribe, en el Pacífico se vive la misma confluencia volátil.
«Los exámenes indican que la táctica se ha vuelto mucho más agresiva.» Desde septiembre, fuerzas estadounidenses han bombardeado decenas de supuestas narcolanchas en aguas del Pacífico. Con la base de Manta nuevamente en funcionamiento y una capacidad de vigilancia que se extiende para las rutas que comunican las Islas Galápagos, muchos pueden dar cuenta de que la «estrategia bilateral a largo plazo» anunciada por Noboa podría llegar a significar una militarización del mar territorial mucho mayor que las que se vivieron en décadas pasadas.
