Para sostener el resurgimiento de los combustibles fósiles, la presidencia de Estados Unidos con Donald Trump otorgó la aprobación fronteriza al oleoducto Bridger, una infraestructura de 1 metro de ancho que busca conectar los yacimientos canadienses con el mercado estadounidense, bautizando a este proyecto como «Keystone Light» por su capacidad de mover dos tercios del petróleo que el cancelado Keystone XL.
Dependencia de energías no renovables y la expansión del ducto
Con la intención de priorizar la política energética, la expansión de este ducto de 1050 kilómetros pretende movilizar 550 000 barriles de petróleo diarios a través de ecosistemas en Montana y Wyoming, intensificando la dependencia de energías no renovables.
Esta decisión no deja atrás las advertencias científicas sobre las emisiones de carbono y busca retomar un modelo de desarrollo que implicó la pérdida de US$1 000 000 000 en inversiones fallidas tras la cancelación del proyecto original en 2021. A pesar de que la empresa operadora inicia las obras el próximo año, el proyecto debe rendir cuentas en barreras ambientales estatales y federales adicionales donde la resistencia civil para su ejecución.
Cabe mencionar que los grupos ecologistas y comunidades locales manifestaron su temor ante posibles roturas de esta tubería de 650 millas, las cuales podrían provocar derrames de hasta 87 400 metros cúbicos de crudo en fuentes de agua. Esto desmantela los avances logrados en la transición energética, pero al conectar Saskatchewan con el noroeste de Montana, el «Keystone Light» se posiciona como una obra de ingeniería.
Infraestructura importante que facilitará el transporte de crudo
Lo cierto es que el proyecto «Keystone Light», evitando reservas indígenas al construirse en un 80% sobre terrenos privados y corredores industriales para facilitar con estas infraestructuras el transporte de crudo de arenas bituminosas y derivados como diésel o queroseno, marca la tendencia regional de los combustibles fósiles.
Bajo este aspecto, la empresa Bridger Pipeline LLC planea que las obras se realicen entre 2027 y 2029 para asegurar la operatividad del ducto antes de cualquier cambio político, pero con una estrategia de construcción acelerada busca evitar una revocación que termina en pérdidas millonarias similares a las que sufrió el proyecto Keystone XL en el año 2021.
Sin dudas, la huella ecológica de transportar 550 000 barriles diarios de petróleo crudo que sigue bajo una amenaza latente, pero el riesgo de derrames y la fragmentación de tierras privadas bajo este modelo de desarrollo marca la persistencia de la energía centrada en las emisiones de carbono, reafirmando un retroceso en la transición hacia energías limpias.
Alianza entre Estados Unidos y Canadá con expansión en Alberta
La líder del UCP, Danielle Smith, expresó en su cuenta de X que llegar a este acuerdo le representa a Canadá movilizar 500 000 barriles de betún desde Alberta, como una colaboración entre South Bow y Bridger, aprovechando activos preexistentes para fortalecer lo que denominan el dominio energético de Norteamérica, en el marco del Acuerdo Energético Canadá-Alberta.
«Tras años de promoción por parte de nuestro gobierno, y a raíz de la firma del Acuerdo Energético Canadá-Alberta el año pasado, el gobierno federal ha levantado su límite a la producción de petróleo y gas. Esto significa que los productores de Alberta podrán producir más del petróleo que el mundo necesita. Estados Unidos es nuestro socio comercial más importante», sostuvo.
Esta desregulación busca satisfacer una demanda global persistente, ubicándolo como el principal proveedor de combustibles fósiles para su socio comercial más importante, pero al aumentar la capacidad productiva choca con los compromisos climáticos. El historial de Bridger Pipeline está marcado por desastres ambientales graves, incluyendo el vertido de 2 700 000 litros de crudo que contaminaron el río Little Missouri, que afectaron al agua potable en Montana y Wyoming, que resultaron en multas federales por US$12 500 000.
