El Ministerio de Relaciones Exteriores de la República Islámica de Irán ha emitido un severo comunicado en el que se opone a la decisión adoptada este jueves por los ministros de Relaciones Exteriores de la Unión Europea (UE). De esta forma, Teherán ha calificado la medida de acusar a Cuerpos de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC) como un acto «ilegal, injustificable y de duplicidad». La cancillería iraní expresó que esta designación se concreta como un ataque contra toda nuestra nación y la condena en los «términos más contundentes posibles».
Un «precedente peligroso» y la defensa de la soberanía
En el plano de la defensa institucional, Teherán declaró que la Guardia Revolucionaria es un «componente inseparable de las fuerzas armadas oficiales» de acuerdo con su Constitución, la cual ha tenido un funcionamiento honorable en lo tocante a la salvaguarda de la soberanía nacional y la estabilidad regional. El comunicado advierte que etiquetar como terrorista a una institución oficial y soberana constituye un «precedente peligroso» y es una manifestación de la «flagrante violación» del principio del estado de derecho en las relaciones internacionales.
Para el gobierno iraní, esta acción es «provocadora, totalmente irresponsable e insultante», orientada a satisfacer lo que llaman un «régimen genocida y ocupante» (refiriéndose a Israel) y a sus socios en los Estados Unidos. La diplomacia persa sostiene que esta maniobra da un «golpe fatal» a la credibilidad de la UE, dirigiendo al mundo hacia el caos y la «ley de la selva».
Intercambio de acusaciones de terrorismo
La nota diplomática iraní intensificó la batalla conceptual en el significado de terrorismo. Para el Ministerio, lo que constituye el terrorismo debería aplicarse extensamente y en propiedad a la intervención de las fuerzas militares de los estados miembros de la UE, que disparan y surgen con ello en las operaciones de las coaliciones occidentales, incluida la OTAN, en países de África, Irak, Afganistán, etc., acusándolas de proseguir «crímenes atroces contra millones de personas inocentes». De hecho, sostiene que la Guardia Revolucionaria se ha opuesto al terrorismo de Daesh, que era un producto de los engaños de exactamente algunos países europeos en conjunto con Estados Unidos.
En contrapartida, la mirada europea es prácticamente opuesta. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, califica de terrorista a un régimen que derrama sangre de forma masiva al querer amordazar las manifestaciones de su pueblo. En este sentido, la Unión Europea llegó a una nueva resolución en la que impuso sanciones a 21 entidades y personas, entre ellas al ministro del Interior, Eskandar Momeni, quien también se ve afectado por la congelación de sus activos y la prohibición de entrar al bloque.
La disputa por los derechos humanos
Irán rechazó tajantemente la preocupación europea por los derechos humanos, calificándola de «falsedad flagrante» y «afirmación engañosa». Teherán exigió que las partes europeas rindan cuentas por su complicidad histórica, citando su asistencia al régimen de Saddam Hussein en la guerra de los años 80 y la imposición de «sanciones inhumanas» en las últimas dos décadas.
El mismo gobierno iraní también denunció una «amarga ironía», respecto del discurso europeo en relación con la impunidad, acusando a la UE de no haber hecho ningún esfuerzo para prevenir la impunidad del «régimen israelí por el genocidio del pueblo palestino» y de haber actuado como cómplice de la agresión militar contra Irán.
Frente a esta ruptura de tipo diplomático, la República Islámica ha dejado claro que la responsabilidad de los efectos que tendrá la ruptura en lo político y en lo relativo a la seguridad no será más que responsabilidad de los representantes políticos europeos. Teherán apuntó que adoptará «todas las medidas que resulten necesarias» para la defensa de los intereses y derechos legítimos de su nación.
