Desde hace décadas, la Voyager 1 fue símbolo de exploración humana más allá del sistema solar para la NASA, lanzada en 1977, esta sonda alcanzó el espacio interestelar y actualmente se desplaza a más de 56 000 km/h, a unos 25 000 millones de kilómetros de la Tierra.
En 2024, surgió la amenaza que consiste en que el sistema de orientación de la nave comenzó a mostrar signos de fallo, siendo los propulsores auxiliares, que durante 20 años mantuvieron su rumbo, que empezaban a obstruirse debido a residuos acumulados. Si la nave pierde su capacidad de ajuste, se rompería el vínculo con la red de espacio profundo.
De todas formas, para evitar esta desconexión irreversible, los ingenieros de la NASA se vieron obligados a considerar una opción que parecía descartada desde hacía dos décadas: reactivar los propulsores originales que habían sido abandonados en 2004 por problemas de calentamiento.
La clave estaba en un interruptor olvidado
Dentro de este momento delicado, los técnicos del Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) detectaron una posible causa del fallo de 2004, se sospecha que una perturbación eléctrica había modificado la posición de un interruptor importante en el sistema energético de los calentadores.
Lo más importante es que se sospechaba que una perturbación eléctrica había modificado la posición de un interruptor clave en el sistema energético de los calentadores. Sin embargo, este hallazgo abrió una posibilidad si el interruptor era reconfigurado, los calentadores podrían volver a funcionar, reactivando los propulsores primarios.
El procedimiento, si los calentadores no se activan de manera correcta, el encendido de los propulsores podría dañar el sistema. Además, cualquier desviación en la orientación de la nave durante el proceso podría hacerle perder la referencia estelar, importante para mantener el rumbo hacia la Tierra. Pese a estas dificultades, el equipo decidió intentarlo, por eso enviaron la orden desde la Tierra, consciente de que la señal tardaría 23 horas horas en llegar y otro tanto en recibir respuesta sin margen para correcciones rápidas, la maniobra debía ser perfecta.
La espera llegó a las 46 horas y un resultado inesperado
El 20 de marzo de 2024, después de casi dos días de incertidumbre, la Voyager 1 confirmó que los calentadores habían vuelto a funcionar y que los propulsores originales se encendieron sin fallos. Este suceso restauró la capacidad de la nave para ajustar su orientación y mantener el contacto con la Tierra.
El jefe de propulsión del proyecto, Todd Barber, calificó el resultado como un “milagro técnico”, la nave había recuperado una funcionalidad clave que se creía perdida para siempre, siendo recuperación permitió mantener operativo el rastreador estelar, asegurando así la estabilidad de la antena principal.
Cabe mencionar que el éxito también fue estratégico que días después el mantenimiento de la antena de 70 metros en Camberra, la única capaz de comunicarse eficaz con las Voyager, pese a no haberlo logrado a tiempo, el contacto se habría perdido por más de un año.
Voyager 1 supera todas las expectativas de la NASA: más de 46 años activos
El Voyager 1 estaba pensado para durar cinco años, superó todas las expectativas, desde su salida del sistema solar en 2012, fue ofreciendo datos inéditos sobre el medio interestelar, transmitiendo información sobre campos magnéticos, partículas y radiación en un entorno jamás explorado.
Pese al desgaste, la nave continúa funcionando gracias a ajustes constantes, cada componente que se apaga representa una decisión estratégica para conversar energía, e incluso se enfrentaron fallos críticos, como un chip dañado que fue sorteado mediante reprogramación remota.
Por otro lado, este episodio reciente confirma el valor de las decisiones tomadas hace décadas en su diseño que en cada intervención que prolonga su vida útil permite obtener datos imposibles de replicar con otras misiones actuales, la Voyager 1 documentó fenómenos únicos: desde las lunas de Júpiter hasta los límites del viento solar.
