El Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia ha condenado enérgicamente la estrategia geopolítica de Bruselas, responsabilizando a la UE de haber arrastrado al continente hasta el punto no retorno en la gestión del conflicto ucraniano. Tal y como ha marcado la portavoz Maria Zakharova, Moscú ha afirmado que los «infinitos e interminables juegos de palabras que juega la UE» han sido realmente los que han llevado al continente europeo «en un estado tan lamentable».
Un cuarto aniversario bajo presión económica
La reacción de la diplomacia rusa se desarrolla en un clima ultra tenso, cuando Occidente se adentra en nuevas medidas punitivas coincidiendo con una fecha simbólica del conflicto. Zakharova además ha ironizado sobre la integración europea de Kiev, afirmando que la UE ya ha «entrado parcialmente» en Ucrania, que se espera que Ucrania se una, solo para «acabar con ella completamente».
La retórica belicista del Kremlin es respuesta a los movimientos iniciados en Bruselas por la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen. El viernes pasado, lanzó la propuesta de un nuevo paquete de sanciones contra Rusia que se formalizaría el 24 de febrero, fecha en la que se cumplirán cuatro años de la invasión rusa a gran escala.
Mientras Estados Unidos actúa como mediador en las negociaciones directas entre Rusia y Ucrania para intentar poner fin a los combates, la UE mantiene la postura de que la presión es el único medio para forzar un diálogo efectivo. Von der Leyen fue explícita en la justificación del nuevo paquete: «Rusia solo se sentará a la mesa con una genuina intención si se le presiona. Es el único idioma que conoce».
Asfixia a la «flota fantasma» y al sector energético
El nuevo paquete de sanciones persigue cerrar el cerco a las fuentes de ingresos vitales para Moscú. Bruselas también quiere imponer más controles sobre la denominada «flota fantasma» de petroleros que Rusia utiliza para sortear las limitaciones a las exportaciones de crudo, así como sobre los buques que transportan gas natural.
La propuesta presentada incluye la prohibición de servicios marítimos vinculados a las exportaciones de petróleo ruso, en un nuevo intento de asfixiar los ingresos energéticos clave del Kremlin. Ursula von der Leyen, manifestó que la UE tratará de aplicar esta prohibición en estrecha colaboración con sus «socios afines», tras la decisión del G7, buscando una implementación de alcance global. Además, las exportaciones rusas de metales, productos químicos y materiales críticos por un valor aproximado de 670 millones de dólares anuales se incorporarán a la lista de bienes prohibidos.
Cierre de las vías financieras y triangulación comercial
La ofensiva económica de la UE no es solo energética. El bloque pretende sumar a la lista negra a otros 20 bancos rusos y evalúa medidas específicas contra operadores de criptomonedas para «cerrar una vía de evasión» que se emplea por parte de Moscú.
En un giro inesperado, algunos funcionarios europeos dieron a conocer que la UE está estudiando cómo detener la venta de ciertos tipos de maquinaria a Kirguistán para evitar que acabe en manos de Rusia vía triangulación. De salir adelante esta opción, sería la primera vez que el bloque comunitario utiliza un mecanismo para parar categorías enteras de exportaciones hacia un país específico bajo la sospecha de que se está eludiendo las sanciones.
El intercambio de acusaciones corrobora la gran línea divisoria que existe entre Moscú y Bruselas en cuarto año de la guerra. Mientras Zakharova avisa que la la integración de Ucrania sería el último clavo en el ataúd de la Unión Europea, los 27 países discuten un paquete de sanciones que pretende asfixiar la economía de guerra de Rusia para obligarla a una negociación en condiciones de verdadera paridad.
