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La Organización de las Naciones Unidas urge a acelerar las medidas globales contra la inseguridad alimentaria para cumplir las metas de desarrollo

Por Luz Vaquero · 16 agosto, 2026 · 11:56 p. m. · 4 min de lectura Compartir: f 𝕏 in
La Organización de las Naciones Unidas urge a acelerar las medidas globales contra la inseguridad alimentaria para cumplir las metas de desarrollo
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Pese a que el planeta produce día tras día los suficientes recursos para nutrir a todas las personas que hay en el mundo, el hambre continúa. La meta internacional más destacada que se persigue por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) es la de lograr un mundo sin ningún tipo de fracaso nutricional para el año 2030, aunque las crisis sistémicas que nos afectan han hecho una contraofensiva muy fuerte contra todos los progresos conseguidos. Para poder conseguir los Objetivos Internacionales, llegar a contar con un crecimiento rápido de las acciones de intervención será un elemento clave.

El panorama estadístico de las carencias nutricionales

Los informes evidencian un panorama verdaderamente muy complicado referente a la alimentación de todo el planeta en este momento. En el año 2022, 735 millones de personas presentaron hambre crónica, lo que representa cerca de un 10 % de toda la población del planeta. En otro orden de cosas, la cantidad de personas que presentaron inseguridad alimentaria, ya fuera leve, moderada o grave, superó los 2400 millones de personas, cifra que, de la misma manera, resulta ser mayor que la de todos los registros oficiales desde 2019.

La ausencia de un acceso profundo a la vez que seguro alcanza enormes niveles de gravedad, sobre todo, en los grupos de niños más vulnerados. Únicamente en el año 2022, se conocieron y denunciaron 148 millones de niños con retrasos físicos (por bajo nivel de crecimiento) y otros 45 millones con emaciación total. Las personas afectadas no pueden llegar a una dieta apropiada ante unas limitaciones en los ingresos brutales, un reto humanitario que espera poco o nada para ser superado.

Los factores desencadenadores de esta drástica crisis mundial

Casi increíblemente, el marco internacional ha regresado a niveles de hambre no observados desde hace casi dos décadas. Y ese crecimiento se da por la mezcla de elementos destructivos que van desde las secuelas de la pandemia, diferentes guerras, la crisis climática y el acentuamiento de las desigualdades económicas preexistentes. Al mismo tiempo, la caída productiva fue determinante en la producción de escasez y aumento de los precios en sentido amplio de los recursos.

Estas carencias crónicas rápidamente se convierten en una trampa que paraliza a un montón de personas que no logran salir de ella. El hambre da lugar a ciudadanos menos productivos y sobradamente más dispuestos a caer enfermos e imposibilitados para mejorar sus pensiones de vida ordinarias. Porque así, si la población no satisface sus requisitos básicos, nunca será posible alcanzar otras necesidades humanas como la educación y la igualdad.

Estrategias efectivas para modificar los ecosistemas agrícolas

Frente a esta situación de emergencia, se hace necesario adoptar un enfoque pluridimensional, el cual contemple la propia protección social primaria, sumado a la transformación integral de las redes productivas. De manera que en la búsqueda de disminuir la pobreza global sea necesario aumentar la inversión en el ámbito agrícola como forma de mejorar rápidamente las infraestructuras rurales y reforzar la resiliencia frente a desastres climáticos severos.

Las acciones colectivas también juegan un papel crucial para poder hacer realidad este nuevo escenario justo. Las personas pueden ayudar realizando pequeños cambios en su vida diaria, apoyando de manera activa a los pequeños agricultores locales, eligiendo productos que sean sostenibles y enérgicamente luchando contra el mal uso de los alimentos. También es importante exigir a los gobiernos que implementen las políticas necesarias para rectificar los desajustes.

Garantizar la seguridad alimentaria constituye una parte fundamental para crear un futuro verdaderamente próspero. Las proyecciones actuales que consideran 700 millones de hambrientos para la finalización de esta década requieren incrementar los esfuerzos internacionales de manera totalmente coordinada. Un mundo sin este grado de escasez tendrá un impacto positivo en las economías de las regiones, generando sociedades donde cada uno pueda tener garantizado un acceso a insumos que sean nutritivos y suficientes.

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