La contaminación provocada por el plástico está asfixiando silenciosamente los océanos del mundo, lo que está generando una crisis ecológica sin precedentes, que pone en peligro la propia supervivencia de miles de especies marinas a escala global. Según la ONU, se estima que cada año llegan a las vías fluviales alrededor de unos cincuenta y dos millones de toneladas de residuos plásticos, que acabarán, sin ningún lugar a dudas, depositándose en los lechos marinos, dañando directamente a más de cuatro mil especies documentadas.
Desafíos arancelarios y la competencia comercial de las alternativas sostenibles
Uno de los más perniciosos obstáculos, cuyo efecto bloqueante opera en el sentido de detener el avance del uso de sustitutos ecológicos del plástico es no solo que las políticas comerciales sean muy desiguales en el comercio internacional, sino que las tarifas arancelarias aplicadas a productos de plástico y caucho se han reducido fuertemente en las tres últimas décadas.
Como mencionan informes de la agencia de comercio y desarrollo de la ONU, han alcanzado un promedio apenas superior al 7%. Por el contrario, los materiales alternativos (papel, bambú, fibras naturales y biopolímeros) son objeto de aranceles que son el doble de altos, lo que se traduce en una desventaja significativa en términos del costo de competencia en mercados internacionales y de una disminución del acceso a los mercados que requiere la producción a gran escala.
De hecho, las tarifas desiguales evidencian el fuerte apoyo que las industrias de plástico tradicionales han recibido de un mercado que ha madurado durante décadas con el desarrollo de infraestructura a gran escala y la creación de condiciones logísticas muy favorables.
Las limitaciones biológicas de los sustitutos biodegradables modernos
Aunque la industria corporativa destaca ampliamente las ventajas que ofrecen los plásticos de origen vegetal, como la solución definitiva a la crisis de los residuos, los investigadores advierten que estos materiales tienen unas limitaciones estructurales muy notables. La mayor parte de los nuevos bioplásticos desarrollados en los laboratorios requieren condiciones de compostaje industrial muy concretas para degradarse, exigiendo niveles de temperatura, humedad y comunidades microbianas controladas altamente estrictos.
Cuando estos artículos son arrastrados al fondo del océano, el entorno ameno, frío y carente de tales microorganismos impide que se degraden a la velocidad prometida, comportándose prácticamente de la misma forma que los polímeros convencionales.
Pero a estos defectos considerables en su tasa de degradación natural hay que añadir el conflicto directo y preocupante que comporta la producción a gran escala de sustitutos de origen vegetal en relación con la seguridad alimentaria global. La producción de los cultivos cuyo objetivo es la extracción de biopolímeros requiere extensiones considerables de tierras agrícolas, generando una competencia no deseada por el uso del suelo y aumentando la presión sobre las fuentes de agua locales.
El cultivo de algas marinas como una respuesta regenerativa
Frente a este marco técnico difícil, el océano mismo parece ofrecer, a través del cultivo de algas marinas, una de las respuestas biológicas más prometedoras para contribuir a mitigar la crisis de contaminación que padece. Las algas han logrado situarse como un sustituto excepcional para la fabricación de la logística de envases, en favor de las cuales resulta que además son completamente compostables y pueden ser consideradas como una materia prima natural de rápida regeneración del ecosistema.
En contraste con las alternativas terrestres, las algas marinas crecen a una velocidad extraordinaria, al tiempo que no precisan agua dulce y no necesitan fertilizantes químicos. Y, además, no ocupan tierra cultivable, lo que hace que se conviertan en una materia prima muy eficiente. Aunque la producción mundial de este recurso se ha triplicado en las últimas dos décadas, las enormes brechas regulatorias del sistema de comercio internacional han impedido que esta opción se convierta en un sustituto industrial del plástico.
