La ONU ha afirmado que la migración es una «realidad humana inevitable», que ha existido desde hace milenios. Actualmente, aproximadamente 300 millones de personas en el mundo son migrantes y residen fuera de su país de origen por razones de estudio, trabajo o reagrupamiento familiar. Durante el Foro de Revisión de la Migración Internacional, las autoridades consensuaron que el problema a resolver no consiste en calificarlo como positivo o negativo, sino en gestionarlo de forma conjunta. Hoy en día, cada país actúa como país de origen, tránsito o destino, siendo común que desempeñe las tres funciones a la vez.
Contribución económica y remesas globales
El impacto de la población de migrantes es profundo y abarca sectores críticos para el desarrollo global. Por ejemplo, más de la mitad de los médicos en Australia y más del 40 % de los premios Nobel en los Estados Unidos nacieron en otros países.
La migración es un motor de crecimiento que favorece el desarrollo a nivel de los países receptores y de los países de origen. Cada año, los migrantes envían US$1 billón en remesas a su país de origen, más que la cantidad total de asistencia oficial para el desarrollo e inversión extranjera directa. Dicho flujo económico contribuye a aliviar la carga del coste de la vida y potenciar el crecimiento económico en las comunidades de acogida.
Si se gestiona adecuadamente, la movilidad humana puede dar respuesta a los cambios demográficos y cubrir la escasez de mano de obra. La transferencia de habilidades y conocimientos refuerza la infraestructura productiva y la competitividad de las empresas. Amy Pope, Directora General de la Organización Internacional de las Migraciones (OIM), afirmaba que estos beneficios no suceden por sí solos, sino que la cooperación transfronteriza y entre sectores es fundamental para construir sistemas justos y confiables.
Desafíos de seguridad y derechos humanos
A pesar de los avances conseguidos en el cumplimiento del Pacto Mundial de la Migración, el Secretario General António Guterres había señalado que se estaban registrando graves regresiones en el terreno de la seguridad. Más de 15 000 personas han muerto o desaparecido en los últimos dos años en las rutas de la migración global.
Asimismo, se estima que al menos 200 000 personas han sido víctimas de trata, afectando principalmente a mujeres y niñas que quedan expuestas a redes criminales transnacionales.
La ONU hace un llamado urgente a luchar decididamente contra los traficantes de personas con la misma tenacidad con la que se lucha contra el narcotráfico, exhortando a desmantelar esas redes financieras y a incrementar la aplicación de la ley mediante la cooperación transfronteriza. Asegurar la protección de los derechos humanos debe ser el eje de la gobernanza migratoria, la que debe garantizar que las familias no sean detenidas y que los y las trabajadoras gocen de las protecciones legales adecuadas.
Regularización de los migrantes y soberanía de los derechos
La defensora de migrantes en Argentina, Natividad Obeso, considera que la documentación no debe ser un privilegio, sino un derecho del que todo individuo tenga acceso. Por otro lado, la falta de documentos propicia la criminalización de las vidas y muchas veces el miedo genera la captura de personas que buscan las vías de salida para sus vidas. La simplificación de los procesos para los migrantes es una de las respuestas necesarias para garantizar la dignidad humana y facilitar la integración de los migrantes a la vida de los países de acogida.
La comunidad internacional, por su parte, debe garantizar el cumplimiento de todos los compromisos internacionales asumidos, por lo que debe ampliar las vías legales para estudiantes, trabajadores y buscadores de protección. Además, se debe aumentar la inversión en educación y en trabajo decente en los países de origen y garantizar los procesos de retorno dignos.
