En vísperas a una Navidad ensombrecida por el luto, una llamada a la oficina del Papa León XIV en el Vaticano sonó este miércoles 17 de diciembre. Del otro lado de la línea estaba el presidente de Israel, Isaac Herzog, quien, en el momento sincero y sensible para las dos partes religiosas, se ponía en contacto con el Papa. Mientras los cristianos estaban organizando las festividades, el pueblo judío se prepara para la celebración de Hanukkah que ahora se desarrolla a la sombra de la reciente tragedia.
«Basta de violencia antisemita»
En la conversación, el Papa León XIV fue claro y reconviene. Insistió en la «firme condena de parte de la Iglesia Católica a las formas del antisemitismo», alertando sobre el hecho de que el problema del antisemitismo «no es un problema que haya quedado atrás, sino que es una amenaza que vive conmigo, con nosotros, que todavía siembra el miedo en las comunidades judías en el mundo entero y también en la sociedad general».
Esta es la posición que mantiene la línea directa que le ha marcado el Pontífice, ya desde antes de que se conociera la noticia de forma más dramática e intimidante. Todavía el día anterior, en el encuentro con los benefactores de al árbol de Navidad del Vaticano, León XIV había elevado la voz con una frase que retumbó fuerte: «¡Ya basta con estas formas de violencia antisemita! ¡deshacernos del odio que llevamos en nuestro corazón!». Hoy, ante el primer ministro israelí, imprimió el sello de esa cobertura moral al sumarle también un telegrama enviado a Australia donde invocó «fuerza y paz» para una nación que es un estado en shock.
Un llamado a la paz y la ayuda humanitaria a nivel regional
Sin embargo, la conversación mantenida con Herzog superó la condena del ataque en Sídney. Aprovechando el canal abierto, el Santo Padre hizo un nuevo llamamiento político y humanitario para el Medio Oriente. León XIV volvió a insistir en la necesidad de contar con «perseverancia en el proceso que se está llevando a cabo», un proyecto que parece convertirse en cada vez más complicado, aunque es ineludible.
El Pontífice, además, puso el énfasis en los más débiles, reclamando ante el presidente israelí la «urgencia de continuar intensificando los esfuerzos para dar ayuda humanitaria». Un diciembre marcado por la violencia, en el que la luz de las velas de Hanukkah fue apagada por el terror en Bondi Beach, el mensaje del Vaticano intenta ser una respuesta a este tipo de cuestiones: condena total al odio religioso, pero nunca sin soltar la bandera de la paz y de la asistencia a los que padecen el conflicto en Tierra Santa.
Luto compartido en épocas de luz
El instante de dicha comunicación diplomática no es asignado al azar. Lleva consigo un significado doloroso. La masacre de Bondi Beach coincidió justo en el espacio de tiempo donde los judíos vietnamitas conmemoraban el Hanukkah, la festividad de las luces, y los cristianos se organizaban para la Navidad. Esta coincidencia de fechas sagradas manchadas de la sangre fue parte del contexto que acompañó la conversación diplomática.
La llamada entre Jerusalén y Roma cierra una semana compleja para las relaciones interreligiosas. En un escenario global donde la polarización amenaza con fracturar la convivencia, el gesto de León XIV hacia Isaac Herzog funciona a modo de muro de contención moral. Con ello, al condenar el antisemitismo sin matices y, al mismo tiempo, pedir, por la ayuda humanitaria, el Vaticano procura mantener el equilibrio en la cuerda floja: recordar que, con independencia del credo, el odio no puede ser nunca la respuesta, y menos aún con unas fechas en las que ambas religiones celebran la esperanza.
