La pérdida y el desperdicio de alimentos en el mundo causan cada año una muy alta e inaceptable factura económica de US$1 billón. Ciertamente, ante esta alarmante realidad global, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) reclama urgentemente que se transformen los sistemas agroalimentarios modernos. El PNUMA hace énfasis en que optimizar la cadena de suministro representa el pilar fundamental para poder eliminar el hambre, proteger la biodiversidad y garantizar un entorno verdaderamente sostenible.
Los costos económicos colosales y los desafíos demográficos enormes
Sin dudas, el inaudito costo anual de un US$1 billón no solo corresponde a un valor de mercado de los productos agrícolas que se degradan en los depósitos de la basura, sino que también representa una inmensa merma estructural de recursos irrecuperables. Tras esta gran etiqueta de precio se alojan millones de horas del trabajo agrícola humano, inmensas pérdidas de ingresos de los productores primarios y miles de millones de piezas de alimento que se han cultivado, elaborado y transportado con mucho trabajo, pero que nunca se van a consumir. Esta enorme ineficiencia comercial mermará considerablemente la capacidad financiera de los mercados locales y encarecerá el precio de los productos en las góndolas de los supermercados minoristas sin necesidad.
A este segundo y complicado costado de la economía se le añade con gran peso una presión demográfica sin precedentes en la historia de la humanidad. Con una población mundial de 8200 millones de habitantes que, según las particulares proyecciones realizadas por las Naciones Unidas, puede dispararse a casi 9700 millones de habitantes para el año 2050, mantener el actual modelo es inviable.
Beneficios climáticos y la implementación de la economía circular
La reducción progresiva de la pérdida de alimentos ya no solo es una enorme necesidad nutricional, sino que se ha convertido hoy en día en la solución climática más asequible y sumamente rentable a escala planetaria. Cuando millones de toneladas cortas de alimento se descomponen en los enormes vertederos municipales, se libera una enorme cantidad de gas metano, un gas de efecto invernadero que atrapa el calor ambiental. Al evitar desde el principio que estos enormes volúmenes de materia orgánica se malgasten, la humanidad será capaz de reducir drásticamente las emisiones contaminantes y, al mismo tiempo, reducir el uso de combustibles fósiles, fertilizantes y recursos energéticos indispensables para potenciar la enorme producción de los cultivos agrícolas primarios.
A fin de conseguir este necesario nivel de eficiencia operativa, el PNUMA requiere que la comunidad mundial adopte enfoques modernos para la economía circular que incorporen tecnologías avanzadas hechas para el procesamiento de elementos alimentarios. Valorizando los flujos y productos secundarios del procesamiento de las comidas, se pueden crear sistemas de suministro mucho más inclusivos y resilientes.
La asignación de la carga y los estrictos objetivos de desarrollo
Poner fin, de manera irreversible, a esta terrible crisis de desperdicio requiere de una monumental acción colectiva que involucre activamente a todos los eslabones que conforman la intrincada cadena de suministro mundial. Desde el agricultor, los gigantescos capitalistas corporativos y multinacionales, hasta el mundo académico, las organizaciones de la sociedad civil y los usuarios finales, todos ellos pueden, en efecto, transformar de manera drástica sus hábitos de consumo y producción cotidianos. La ONU ha puesto a disposición guías detalladas de la acción para que todas las entidades de lo público y lo privado contraigan compromisos duros y contables en la necesaria tarea de la recuperación del valor de la naturaleza.
Las urgencias en la acción microsocial están directamente enmarcadas dentro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la ONU: en concreto, la trascendente Meta 12.3 asume el imperativo de «reducir a la mitad el desperdicio de alimentos per cápita mundial a nivel de la venta al por menor y en los consumidores».
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