Esta semana, un alto funcionario de Rusia aterrizó en Pyongyang con el objetivo de fortalecer los vínculos con uno de los regímenes más aislados del mundo. Serguéi Shoigú, secretario del Consejo de Seguridad de Rusia, fue recibido por el líder norcoreano Kim Jong-un, en un encuentro que superó el mero protocolo diplomático.
En esta cita, ambas partes reafirmaron una visión común sobre temas internacionales, la atención se centró en la situación en Ucrania, donde Rusia continúa su ataque militar iniciado en 2022. Según medios estatales norcoreanos, Kim manifestó su apoyo sin reservas a las acciones del Kremlin.
Por otro lado, este acercamiento no se inscribe en una dinámica iniciada meses atrás, cuando ambas naciones intensificaron los contratos tras la firma de un acuerdo que estableció nuevas bases para la cooperación estratégica.
Este tratado redefine las alianzas militares entre países
En pacto firmado el 18 de junio de 2024 en la capital norcoreana, el tratado de defensa mutua entre Corea del Norte y Rusia establece compromisos militares bilaterales en caso de agresión a cualquiera de sus territorios, en donde este documento fue clave para justificar el reciente despliegue de tropas norcoreanas en suelo ruso.
Dentro de su conversación con Shoigú, Kim indicó que su país cumplirá con responsabilidad las cláusulas del tratado, incluyendo aquellas que implican cooperación activa en contextos de conflicto en ambas partes aseguraron que sus vínculos evolucionarán hacia una “asociación estratégica integral”.
Este pacto generó preocupación en la comunidad internacional, no solo por su contenido militar, sino por las posibles implicancias tecnológicas. A cambio de su respaldo, se especula que Pyongyang estaría recibiendo asistencia técnica y armamento avanzado, lo cual podría reforzar su programa nuclear.
Los rumores fueron confirmados: soldados norcoreanos en el frente ruso
Las tropas norcoreanas se encuentran combatiendo junto a las fuerzas rusas, pero en la primera oleada de efectivos fue desplegada en otoño de 2024, y fuentes de inteligencia surcoreana estiman que entre 10 000 y 12 000 soldados fueron enviados en esa etapa inicial.
A principios de año, otros 3.000 militares se habrían sumado a los destacamentos en el oeste de Rusia, sobre todo en la región de Kursk, donde enfrentan embates ucranianos. Por eso, Kim Jong-un se refirió a estas acciones como una “contribución sagrada a la justicia”, reforzando su narrativa de resistencia compartida con Moscú.
Por otro lado, todavía no se revelaron cifras oficiales de bajas, legisladores surcoreanos aseguran que al menos 600 soldados norcoreanos murieron en combate. Esta participación marca el involucramiento más del régimen de Pyongyang en un conflicto externo desde la Guerra de Corea en la década de 1950.
El respaldo norcoreano responde a una visión común del orden mundial
Mediante el envío de personal militar, Corea del Norte llevó a cabo un papel clave como proveedor de armamento convencional a Rusia. Fuentes occidentales detectaron transferencias de misiles, municiones y otros equipos, lo que permitió a Moscú mantener el ritmo bélico pese a las sanciones internacionales.
Tanto Moscú como Pyongyang consideran que enfrentan una presión hegemónica por parte de Occidente, lo que ha incentivado su cooperación militar y diplomática. La guerra en Ucrania se ha convertido así en un terreno de convergencia política y estratégica. A través de su declaración, Kim dejó que su país respaldará “la postura y política exterior de Rusia” en todos los asuntos de peso de orden mundial.
Sin embargo, esto incluye no solo el conflicto ucraniano, sino también otros escenarios donde Moscú intenta contrarrestar la influencia de Estados Unidos y sus aliados. Desde Washington, observan que Seúl y Tokio, esta cooperación representa una amenaza directa, ya que podría aumentar la transferencia de tecnología militar a Corea del Norte, país sometido a múltiples sanciones por su programa nuclear.
