Trump dedicó un tramo clave de su discurso de inauguración de la cumbre «Escudo de las Américas» en Miami a la situación de Cuba, en un mensaje que entrelaza su diagnóstico económico de la situación de la isla, presión diplomática y una proyección de un cambio político a gran escala. Sus declaraciones se enmarcan dentro de la lógica de la nueva doctrina de seguridad hemisférica que defiende el presidente de EE. UU. y que plantea limitar la influencia de potencias como China y Rusia en el Caribe y en América Latina.
«Cuba está al final del camino»: crisis económica y energética
Trump aseguró de manera frontal que «Cuba está en sus últimos momentos de vida tal y como es ahora», insistiendo en que el régimen ha entrado en una etapa terminal debido a la combinación de la falta de recursos económicos, el colapso del suministro de petróleo proveniente de Venezuela y la ruptura de las transferencias de Caracas, que durante años funcionaron como sostén del sistema cubano.
En su discurso, el presidente estadounidense señaló que la isla se encuentra «al final del camino, sin dinero, sin petróleo y con una “mala filosofía” y un “mal régimen”», que, según su lectura, ha sido perjudicial para el país durante décadas. Trump subrayó incluso que La Habana no puede conseguir suficiente combustible para volar, y que debe dejar aviones varados en aeropuertos extranjeros, en una situación que refuerza la imagen de un país en quiebra estructural.
Negociaciones con Cuba y un «acuerdo fácil»
A la vez, el presidente de EE. UU. afirmó que Cuba «quiere negociar» y que las autoridades de la isla ya están en conversaciones con su gobierno, en particular con él mismo y con el secretario de Estado Marco Rubio. Donald Trump aseguró que «se llegaría a un acuerdo muy fácilmente», incluso llegando a afirmar que «tal vez se tome una hora libre y luego terminará un acuerdo sobre Cuba. Ese será uno fácil», en un tono jocoso y confiado en la debilidad relativa de La Habana.
Estas declaraciones se alinean con reportes recientes de que la administración de Trump ha intensificado una presión económica y energética contra Cuba, incluyendo la declaración de emergencia nacional y la prohibición de envíos de petróleo y servicios financieros a la isla, lo que el presidente usa como apoyo para que el régimen negocie bajo condiciones estadounidenses.
Además, Trump subrayó ante los líderes de la cumbre que le pidieron que se ocupe de Cuba «Cuatro de ustedes lo dijeron: «¿Podrías hacernos un favor? Ocúpate de Cuba». Me ocuparé de ello», lo que el propio mandatario traduce en un mensaje de que la isla será uno de los próximos focos de la política exterior de su gobierno, a pesar de que los esfuerzos en este momento están concentrados en Medio Oriente.
Aunque el tono de Trump es claramente ofensivo hacia el sistema político actual de Cuba, el presidente de EE. UU. dejó abierto un escenario de «gran nueva vida» para la isla, que, en su versión, se traduciría en un cambio de régimen suavizado y una reconfiguración de las alianzas de Cuba hacia Estados Unidos y sus aliados.
Mientras tanto, el presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, fue crítico con la organización de la cumbre «Escudo de las Américas», caracterizándola de «pequeña cumbre reaccionaria y neocolonial de Florida». También indicó que se trata de «un atentado contra la Proclama de América Latina y el Caribe como Zona de Paz» y de un ataque contra las aspiraciones de integración regional. A pesar de los comentarios de Trump acerca de las negociaciones con Cuba, Díaz-Canel resumió las intenciones del «poderoso vecino del norte» como un intento de subordinar a los otros países a sus propios intereses bajo los preceptos de la Doctrina Monroe.
