El presente conflicto geopolítico en Medio Oriente ha comenzado este miércoles un nuevo ciclo de ebullición después de que el presidente Donald Trump afirmó a través de un mensaje en su plataforma Truth Social el despliegue de una enorme flota hacia las costas de Irán. En dicho comunicado, el presidente ha afirmado que «una enorme armada se dirige a Irán», y será «rápido, grande, entusiasta y de gran propósito». El presidente Trump ha afirmado que esta flota es «más grande» que el despliegue realizado en la operación de Venezuela, que tuvo como resultado la captura de Nicolás Maduro.
La influencia de Venezuela y la «Operación Martillo de Medianoche»
El discurso del presidente estadounidense une el destino de Teherán al antecedente venezolano. En su proclama, advirtió que, como sucedió con Venezuela, esta nueva fuerza naval «está lista, preparada y con la capacidad de realizar su misión rápidamente, veloz y violenta si es necesario».
La misma nota presidencial se refiere a antecedentes de los enfrentamientos entre ambas naciones, aludiendo a una acción bélica anterior llamada «Operación Martillo de Medianoche», que calificó de «una destrucción masiva de Irán». Enfocándose en este recuerdo como advertencia, Trump lanza la amenaza directa: «¡El próximo ataque va a ser mucho peor! ¡No dejen que se repita eso de nuevo!». La intención declarada de esta presión militar es obligar a una salida diplomática muy rápida, justificando su aseveración en que «el tiempo se acaba», y que es «realmente crucial» actuar ya mismo.
Ultimátum nuclear: «Lleguen a un arreglo»
Con un tono combativo, la estrategia que la Casa Blanca parece exhibir es la de forzar a Irán a llegar a un posible entorno de negociación. Trump animó al país persa a «negociar pronto» un acuerdo equilibrado para las partes. La condición fundamental e innegociable de un posible acuerdo (escrita en mayúsculas por el propio presidente) es la siguiente: «SIN ARMAS NUCLEARES».
«Con suerte, Irán vendrá pronto a la mesa», se atreve a indicar Trump, quien por otra parte afirma que hay espacios de negociación abiertos y que Teherán quiere que efectivamente existan. El líder estadounidense afirma de hecho que los funcionarios iraníes «han llamado en numerosas ocasiones» y que «quieren hablar», lo que contrasta con el aumento de la movilización militar y semeja estar en la órbita de una estrategia de «máxima presión» para cerrar una negociación sobre la proliferación nuclear antes de iniciar cualquier hostilidad abierta.
Un régimen acorralado por protestas y el caos interno
El despliegue del grupo de ataque del portaaviones «USS Abraham Lincoln» coincide con un momento de extrema debilidad interna del régimen iraní. Las amenazas de Washington surgen como respuesta a la brutal represión en las últimas semanas de las masivas protestas civiles.
Las protestas comenzaron a finales de diciembre, por la crisis económica, pero a partir del 8 de enero se transformaron en un movimiento colectivo a través de enormes manifestaciones masivas en las calles. La respuesta del régimen ha sido letal: según el sitio opositor, Irán International, la represión ha dejado ya 36 500 muertos. Trump había advertido que si el régimen mataba a manifestantes, Estados Unidos militarizaría su intervención, una línea roja que ya ha sido traspasada, según las cifras de la oposición.
Frente al inminente despliegue de la flota estadounidense, las autoridades de Irán reaccionan con advertencias a los países vecinos. Un alto mando de los Guardianes de la Revolución afirma que considerarán como «hostiles» a los países vecinos si permiten que su territorio sea usado para lanzar ataques en contra de Irán. El gobierno de Trump pide el desmantelamiento total de las capacidades nucleares, amenazando con una destrucción «mucho más allá» del margen para la propia diplomacia.
