Irán y Estados Unidos dieron un paso inesperado hacia el diálogo, el pasado sábado ambos países participaron dentro de una ronda inicial de negociaciones indirectas en Omán, que se centran en el programa nuclear iraní.
Pese a que no se establecieron acuerdos concretos, la percepción general es que el ambiente fue favorable. Estas conversaciones, a través de diplomáticos omaníes, reunieron al enviado especial estadounidense para Oriente Medio, Steve Witkoff, y al ministro de Exteriores iraní, Abás Araqchi.
Cabe mencionar que ambas partes coincidieron en calificar este primer encuentro como “constructivo” y “positivo”, el líder supremo iranú, el ayatolá Ali Jamenei, rompió su silencio y ofreció un análisis mesurado, si bien las negociaciones son positivas pero no deben crear expectativas excesivas ni condicionar el futuro del país.
La declaración del Ayatolá marca un giro importante
El ayatolá muestra por primera vez en años una postura abierta, hacia el diálogo con Washington. Sin embargo, el líder iraní mantiene la mesura porque pese al optimismo, desconfía de la otra parte y agrega que Irán busca mostrar una disposición sin debilitar su posición estratégica.
Asimismo, Jameneí dejó en claro que las líneas rojas están definidas y que no se repetirá el error de depender del resultado de las conversaciones, como ocurrió durante el acuerdo nuclear de 2015. En aquel entonces, gran parte de la economía iraní quedó paralizada a la espera de sanciones levantadas que nunca llegaron del todo.
Este enfoque realista se debe a la salida abrupta de Estados Unidos del acuerdo nuclear que se realizó bajo la administración de Donald Trump. Desde entonces, Irán optó por reforzar su independencia económica y diplomática, aunque sin cerrar por completo la puerta a un posible nuevo pacto.
Omán se ubica en un lugar clave: la elección de la sede de las negociaciones
Omán volvió a ser el mediador neutral ya que facilitó el contacto entre dos potencias sin relaciones diplomáticas formales. Ante la elección de Mascate como sede de las negociaciones no es casual, porque en procesos anteriores, este sultanato fue clave para allanar caminos.
En Omán, el 19 de abril podría realizarse una ronda, Teherán espera la visita del director del OIEA, Rafael Grossi, y el canciller Araqchi viajará a Rusia, uno de sus aliados más firmes para intentar consolidar apoyos y asegurar que cualquier posible acuerdo tenga garantías multilaterales.
Al encontrarse con una señal errónea puede ser interpretada como debilidad y de ahí Irán insiste en mantener las conversaciones dentro de un marco técnico, con precisión, y sin promesas vacías con el afán de no depender económicamente del exterior y de tener expectativas políticas atadas a acuerdos inciertos.
La figura de Trump sigue pesando en la negociación
La presencia de Trump es clave debido a su retiro unilateral del acuerdo nuclear en 2015, durante su primer mandato, siendo un golpe profundo a la confianza entre las partes. Además, sus amenazas recurrentes de atacar instalaciones iraníes si fracasa la diplomacia, marcando la desconfianza.
Hasta el momento, Jameneí fue uno de los que más criticó la política exterior de Trump, a la que calificó de “ni inteligente ni sabia”. En este sentido, su determinación al permitir un nuevo proceso de diálogo, sugiere que Irán está dispuesto a explorar soluciones prácticas si se respetan sus principios básicos de soberanía y desarrollo nuclear pacífico.
El Plan de Acción Integral Conjunto (JCPOA), firmado en 2015 entre Irán y seis potencias, pretendía limitar las actividades nucleares de Teherán a cambio de levantar sanciones, sin embargo, colapsó tras la retirada de EE.UU y las posteriores sanciones bajo el gobierno de Trump. De ahí el líder supremo advirtió que “las negociaciones pueden prosperar o no”.
