La asunción en la Casa Blanca de Donald Trump para iniciar su segundo mandato, sacudió al mundo con gran fuerza. Incluso desde la campaña electoral, los principales analistas y observadores internacionales señalaban la incertidumbre y peligrosidad que traerían un segundo mandato de Trump.
En un contexto internacional de constante cambio, con conflictos comerciales creados por el propio Trump, los ciudadanos estadounidenses vuelven a manifestarse en las calles en contra de su gobierno.
Movilizaciones a gran escala
El sábado se registraron movilizaciones de comunidades grandes y pequeñas, en las calles de las principales urbes y pueblos, de Estados Unidos. Los manifestantes denunciaron lo que consideran amenazas a los ideales democráticos de la nación.
La disparidad de eventos cubrió gran parte de los espacios sociales del territorio norteamericano. Desde grandes marchas en Manhattan y frente a la Casa Blanca, hasta una protesta en un evento de conmemoración en Massachusetts que marcaba el inicio de la Guerra Revolucionaria Americana hace 250 años.
En San Francisco fueron más allá, haciendo una coreagrafía que concluía en un cartel humano, en el cual podía leerse «Impeach & Remove» (“Juicio político y destitución” ) en las arenas de Ocean Beach.
Ya llevan dos semanas de protestas constantes contra el gobierno de Donald Trump, que llevaron a millones de personas a manifestarse en las calles.
Por qué marchan
Los organizadores afirman que las marchas se están realizando por lo que llaman violación a los derechos civiles y constitucionales de Trump. Las políticas de persecución a migrantes que operan den Estados Unidos desde el inicio del segundo mandato de Trump, no fueron tan bien recibidas como esperaban.
A su vez, apuntan contra la reducción del gobierno federal a través los despidos masivos de trabajadores del estado, llegando a cerrar dependencias enteras y a vaciar áreas clave de la administración gubernamental.
El gobierno de Trump avanzó en el cierre de oficinas de campo de la Administración del Seguro Social, el recorte fondos para programas de salud gubernamentales y redujo las prestaciones del gobierno federal para proteger a las personas transgénero.
Los testimonios de manifestantes
George Bryant, oriundo de Boston, estuvo presente en las manifestaciones en Concord, Massachussets. Se expresó preocupado por qué cree que Trump está creando «Un estado policial». «Está desafiando a los tribunales. Está secuestrando estudiantes. Está eviscerando los controles y equilibrios… Esto es fascismo», comento Bryant.
Por otro lado, Bob Fasick, vecino de Washington, dijo manifestarse contra las amenazas a los derechos de debido proceso protegidos constitucionalmente, así como a la Seguridad Social y otros programas de red de seguridad federal.
«Sin miedo, sin odio, sin ICE en nuestro estado», coreaban al ritmo constante de tambores, mencionando las siglas en inglés del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas, en las manifestaciones que se concentraron en La Gran Manzana mientras marchaban desde la Biblioteca Pública de Nueva York hacia el norte, hacia Central Park, pasando por la Torre Trump.
«Se supone que debemos tener tres ramas de gobierno iguales y tener la rama ejecutiva volviéndose tan fuerte», comentó. «Quiero decir, es simplemente increíble», declaró Melinda Charles de Connecticut, preocupada por la extralimitación ejecutiva de Trump al enfrentarse a tribunales federales y Universidades de élite.
El pueblo estadounidense no se quedó de brazos cruzados. Si bien en la tierra de la libertad aceptaron la victoria de Donald Trump en los comicios de 2024 para un segundo mandato, el pueblo no parece dispuesto a permitirle hacer lo que quiera.
Los efectos de sus medidas de gobierno empiezan a sentirse en las góndolas de los almacenes de pueblo y supermercados de las grandes ciudades. La persecución a migrantes y la reducción a la mínima expresión de las herramientas gubernamentales, tampoco son las panacea que sus seguidores esperaban.
En este contexto, hay que celebrar que el pueblo norteamericano salga a manifestarse en las calles. Estados Unidos empieza a ver claramente quien tiene el timón del barco. Y no inspira mucha confianza.
