El autismo podría ser una pandemia peor que la COVID-19, según lo ha establecido el secretario de salud de Estados Unidos, Robert F. Kennedy Jr., quien señala que hasta ahora se ha tratado el autismo como una enfermedad genética, dejando de lado, entre otras causas a los factores ambientales, transformandose así en una condición sin tratamiento o esperanza de mejoría.
No obstante, el secrectario de salud señala que el crecimiento desproporcional de las cifras de personas con autismo pudiera estar mostrando un aspecto que no guarda relación con la genética, por lo que se ha propuesto demostrar científicamente que el incremento de la prevalencia de autismo de 1 de 150 niños en el 2000 a 1 de 31 en 2025 se debe a factores ambientales y no genéticos.
Factores ambientales y modo de vida podrían ser la causa primordial del autismo
Según las declaraciones de Kennedy, el incremento de la prevalencia de autismo durante las últimas décadas, no puede ser vinclada solo a factores genéticos, sino que existen factores asociados con el estilo de vida, que sí pueden evidenciarse a lo largo del tiempo junto con el aumento de esta enfermedad, que de ser así, ya no sería una condición del individuo que no puede ser prevenida o mejorada.
De esta manera, el secretario de salud señala que el autismo puede ser causado por una toxina ambiental que pudiera estar ligada a las condiciones de vida, la alimentación, la contaminación del aire, los microplásticos presentes en todo lo que consumimos. Igualmente, indica como posible fuente a los fertilizantes químicos, las vacunas, los ultrasonidos y demás componentes artificiales a los que estamos expuestos.
Cabe destacar que según Kennedy, la influencia de los factores ambientales en el autismo no descartan la incidencia de los factores genéticos, pues los primeros no sólo pudieran influir en las distintas enfermedades que son pandemia en la actualidad sino que pueden estar modificando la estructura orgánica de los individuos en el largo plazo, como ya se ha demostrado con los efectos intergeneracionales de los plásticos.
Tratamiento como pandemia permitiría evidenciar los costes sociales de la enfermedad
La observación del autismo como una enfermedad, que por su incidencia se estaría transformando en pandemia permite, según Kennedy, evidenciar el coste que tiene sostener socialmente a todas las personas que la padecen, y no solamente el coste sanitario en términos del uso del sistema de salud, sino el coste social al inmovilizar a la familia que se transforma en cuidadora del autista.
En ese sentido, apuntó que mantener a las personas con autismo severo o profundo estarían costando cerca de un billón de dólares anuales para 2035, y esto es sólo el 26% de las personas diagnosticadas. Dejando fuera de este cálculo el hecho de que los autistas profundos están incapacitados para tener un empleo o ser productivos para la sociedad, con lo que incapacitan además a alguno de los miembros de su familia.
Controversias con la ciencia actual y las familias
Estas declaraciones del secretario de salud en torno al autismo han generado una serie de reacciones entre los científicos y las familias de pacientes autistas, pues para estos no puede tratarse como una enfermedad, pues deshumaniza al paciente y lo transforma en un objeto de la medicina, alejado de la comprensión y reafirmando la estigmatización de la que ya hace décadas se viene desprendiendo.
No obstante, Robert F. Kennedy Jr. apuntó que no se trata de una falta de respeto sino que se busca investigar a fondo mediante protocolos científicos, que muestren como, incluso el consumo de ciertas sustancias pueden estar asociadas con la existencia de síntomas de trastornos del espectro autista, con lo cual es necesaria la indagación científica que permita avances reales en el tratamiento de la enfermedad.
