Cómo el omega-3 protege tu cerebro

¿Sufres pérdida de memoria y te distraes con frecuencia? Tomar ácidos grasos omega-3 puede ayudar a retardar el envejecimiento del cerebro. Algunos expertos explican sus beneficios para la salud cerebral.

¿Por qué se pierde la memoria? ¿Qué se considera normal y qué es patológico?

Con el paso de los años comenzamos a sentirnos confundidos y tenemos dificultades para recordar cosas como dónde pusimos las llaves del coche (o dónde lo aparcamos), en qué cajón guardamos la ropa o los documentos, o qué teníamos que comprar con urgencia, y ahora, estando en el supermercado, nos olvidamos por completo de ello. De hecho, la pérdida de memoria es un proceso normal asociado al envejecimiento, pero en determinados casos se considera patológico.

El doctor Gurutz Linazasoro, portavoz de la Sociedad Española de Neurología (SEN), explica que “con la edad suceden en el cerebro dos cosas básicas relacionadas con la memoria: pérdida de neuronas y, en definitiva, pérdida de conexiones sinápticas entre diferentes neuronas. Y esto no sucede en todo el cerebro, pero sí en algunas áreas más que en otras, y una de las áreas más afectadas es el hipocampo, donde ocurre el aprendizaje y la memoria.

Hasta no hace mucho –añade– se pensaba que era fundamentalmente la pérdida de neuronas, pero desde hace un tiempo hay muchos datos que indican que apenas se pierde un 10% de las neuronas en total, pero sí se pierden muchas conexiones sinápticas, y eso es lo que acaba provocando esa mayor tendencia a los olvidos que tenemos a medida que vamos envejeciendo, sin que sea patológico, porque, cuando hablamos de pérdidas de memoria patológicas, tenemos que pensar en el espectro de la enfermedad de Alzheimer, y ahí ocurren una serie de cosas diferentes a lo que ocurre en el envejecimiento, ya que se produce el depósito de unas proteínas anómalas que no dejan que funcionen bien los circuitos localizados en esa zona del hipocampo, y por eso también se manifiesta con una pérdida de memoria

Cómo actúan los ácidos grasos omega 3 para mantener el cerebro joven

No podemos evitar el envejecimiento y el paso del tiempo deja su huella en nuestro cuerpo, pero ¿podemos hacer todo lo posible para frenar los signos del envejecimiento cerebral y mantener nuestra mente alerta y sana lo más posible? Pues parece que incorporar ciertos nutrientes a nuestra dieta diaria es uno de los factores que puede ayudarnos a conseguirlo.

Existe evidencia experimental de que los ácidos grasos omega-3 actúan sobre las membranas de las células nerviosas y crean nuevos receptores. Tienen algunos efectos en el cerebro“, dijo el Dr. Linazasoro. También pueden tener efectos antiinflamatorios, antioxidantes y reductores del estrés. “Si llevas una dieta equilibrada que incluye mucho pescado, aceites…
la dieta mediterránea, acabas consumiendo ácidos grasos omega-3
“.

Anna Paré, Xavier de Diego, Andreu Prados y Anna Bach, de la Vocalía de Alimentación y Nutrición del Col·legi de Farmacèutics de Barcelona (COFB) explican que explican que “debido a la importancia de los ácidos grasos omega-3 para el funcionamiento y correcto desarrollo del cerebro, la relación entre la ingesta y el riesgo de deterioro cognitivo y demencia (pérdida de memoria), se encontró que una mayor ingesta de omega-3 estaba asociada con:

  • Mejora memoria.
  • Mejorara la función cognitiva.
  • Retrasa el envejecimiento de la función cognitiva.
  • Reduce el riesgo de desarrollar demencia relacionada con la edad.
  • Reducir el riesgo de padecer la enfermedad de Alzheimer.

En adultos mayores, se encontró que concentraciones plasmáticas más altas de EPA y DHA indican mejoras en la función cognitiva como la fluidez verbal, la velocidad de procesamiento y la memoria”, agregaron.

El omega-3 “se puede aportar en cantidades suficientes a través de la dieta, pero cuando una persona tiene la enfermedad de Alzheimer no todo es estilo de vida, no todo es dieta, ejercicio, interacción social, estimulación, etc., sino que hay un componente genético y otros factores asociado con el envejecimiento, lo que significa que algunas personas, a pesar de llevar estilos de vida muy saludables, eventualmente desarrollan la enfermedad de Alzheimer, mientras que otras con estilos de vida desastrosos no desarrollan demencia“. “Es decir, según lo que sabemos hoy, la enfermedad de Alzheimer tiene tres factores: estilo de vida, genes y envejecimiento”, enfatizó Linazasoro.

Omega-3 vs Omega-6: el equilibrio es la clave del éxito

El omega-3 (EPA y DHA) es un ácido graso poliinsaturado derivado del ácido alfa-linolénico (ALA) y es esencial para una buena salud y un desarrollo adecuado.

El EPA (ácido eicosapentaenoico) y el DHA (ácido docosahexaenoico) pertenecen a los llamados ácidos grasos esenciales porque el organismo no puede sintetizarlos directamente y debe obtenerlos de los alimentos – explican Anna Pare, Xavier de Diego, Andreu Prados y Anna Bach de la Vocalía de Alimentación y Nutrición del Col·legi de Farmacèutics de Barcelona (COFB).

Agregaron que entre los diferentes tipos de ácidos omega-3, el ácido docosahexaenoico (DHA) es el más importante para el desarrollo de la estructura cerebral, el sistema nervioso y la visión, por lo que se acumula en grandes cantidades en el cerebro y la retina desde los primeros años de vida.

En cuanto a los beneficios de los ácidos grasos omega 3, estos expertos señalan que la mayor evidencia científica es para la salud del corazón, ya que mejoran diversos factores de riesgo como los triglicéridos, la presión arterial, la disfunción endotelial y la trombosis.

El problema es que la dieta de la mayoría de las personas tiene un exceso de ácidos grasos omega-6 (otro ácido graso poliinsaturado derivado del ácido linoleico) y una deficiencia de ácidos grasos omega-3. Así, mientras que la Organización Mundial de la Salud (OMS) considera que la proporción óptima es 3:1, en la dieta occidental es 15:1, y en algunos países esta proporción incluso la supera.

Los miembros del COFB advierten que “el exceso de ácidos grasos omega-6 en relación con los ácidos grasos omega-3 está asociado con enfermedades asociadas con inflamación crónica de bajo grado. Por ejemplo: enfermedad cardiovascular, hipertensión, hipertrofia, diabetes tipo 2, problemas neurológicos, enfermedad autoinmune o algunos tipos de cáncer

El Dr. Francisco Botella, coordinador del área de Área de Nutrición de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN), explica que “los ácidos grasos omega 3 forman parte de una ruta metabólica que tiene que ver con mediadores de sustancias que modulan la inflamación y la capacidad de coagulación de la sangre, y es necesario que haya un equilibrio en el organismo entre omega 6 y omega 3 que tiene que ser, más o menos, 3 o 4 a 1; es decir, por cada 4 moléculas de omega 6 tendría que haber 1 de omega 3, pero normalmente tomamos menos omega 3, y esa proporción 4 a 1 suele ser de 6-7 a 1, o de 8 a 1; como resultado de ello ese equilibrio se desvía hacia más inflamación de la necesaria, o hacia más trombosis de la necesaria“.

El experto de la SEEN remarca que necesitamos un precursor omega 3, que sería el ácido alfa linolénico, o un precursor omega 6, que es el ácido linoleico. El precursor omega 3 suele estar en frutos secos o en algunos aceites de semillas, mientras que el precursor omega 6 en general es la grasa vegetal.

Nuestro cuerpo, dijo, “procesa esos precursores y a partir de ellos fabrica estas sustancias, pero las herramientas, las enzimas, los fermentos que necesitan estos precursores para volver los productos activos son comunes y, por lo tanto, compiten; es decir, si uno toma mucho omega 6 –que es lo que suele ocurrir– le quedan pocas herramientas para que los omega 3 que toma con las nueces se transformen en activos. La clave para resolver esto es incluir en la dieta alimentos que ya tienen los omega 3 activos y no necesitan del proceso de transformación, como es el caso de la grasa de pescado

El doctor Botella advierte que “sería un error muy grave meter en el mismo cajón los omega-3 de las nueces y los omega-3 del pescado; y mientras que el omega-3 que se encuentran en las nueces necesita ser procesado, el de pescado ya lo está y por lo tanto actúa directamente. A veces nos venden omega-3 en forma de nueces, pero no resulta tan efectivo como el que se encuentra en el pescado. El doctor concluyó que el pescado, conocido por el acrónimo EPA, que significa ácido eicosapentaenoico, es un derivado activo de omega-3.

Ecoportal.net

Con información de: https://www.webconsultas.com/

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