¿Los agujeros negros primordiales podrían estar ocultos entre nosotros? Un nuevo estudio revolucionario sugiere que los agujeros negros primordiales (PBH, por sus siglas en inglés), podrían estar escondidos en algunos de los lugares más inesperados: dentro de planetas, asteroides o incluso materiales cotidianos que se encuentran aquí en la Tierra.
Los agujeros negros primordiales y sus rastros donde menos se esperan
Durante décadas, los científicos han planteado hipótesis sobre la existencia de estos diminutos agujeros negros primordiales, pero nunca se los ha observado directamente. Ahora, un equipo de investigadores propone un nuevo método radical para detectarlos, que podría potencialmente proporcionar la primera evidencia de estos esquivos objetos cósmicos, dentro de planetas, asteroides o incluso materiales cotidianos que se encuentran aquí en la Tierra.
Se sabe que la materia oscura influye en el movimiento de las galaxias y en la estructura del universo, pero no emite ni absorbe luz, lo que la hace invisible a la observación directa (una explicación de lo que hemos visto y lo que no: Los axiones).
Sin embargo, su existencia sigue sin confirmarse, principalmente porque los métodos de detección tradicionales, como el efecto de lente gravitacional causado por la curvatura de los rayos de luz debido a la intensa gravedad de los agujeros negros, aún no han producido evidencia definitiva.
Búsqueda de rastros de agujeros negros en objetos huecos
Un estudio teórico en Physics of the Dark Universe, sostiene que el agujero negro primordial atrapado en un gran objeto rocoso en el espacio se habría tragado su núcleo líquido y lo habría dejado hueco. Por otro lado, un agujero negro primordial más rápido podría dejar atrás túneles rectos lo suficientemente grandes como para ser vistos con un microscopio si atraviesa material sólido, incluido material aquí mismo en la Tierra.
Cuando el Universo se expandió rápidamente después del Big Bang, ciertas regiones del espacio pueden haber sido más densas que sus alrededores, lo que provocó que colapsaran y formaran agujeros negros primordiales (PBH).
Los PBH tendrían mucha menos masa que los agujeros negros estelares que luego se formaron a partir de estrellas moribundas, pero aún serían extremadamente densos, como la masa de una montaña comprimida en un área del tamaño de un átomo.
Podríamos buscar dentro de objetos como planetas y asteroides o emplear grandes placas o losas de metal para detectar las PBH en busca de señales de su paso. Al detectar los microcanales que dejarían estos cuerpos, los científicos podrían finalmente confirmar la existencia de las PBH y arrojar luz sobre algunos de los mayores misterios de la cosmología actual.
Planetoides huecos y túneles microscópicos
La investigación también estudia la posibilidad de que los agujeros negros primigenios puedan dejar túneles microscópicos en materiales sólidos a medida que pasan a través de ellos. Si un agujero negro primigenio atravesara una roca, un metal o incluso un vidrio, podría crear un túnel recto, lo suficientemente pequeño como para ser invisible a simple vista, pero detectable con un microscopio.
El estudio sugiere que los mejores lugares para buscar este tipo de túneles podrían ser rocas antiguas o estructuras de larga data que han permanecido prácticamente inalteradas durante millones o miles de millones de años. La explicación de estos fenómenos puede darnos luz a nuevos conocimientos y entendimiento de nuestra galaxia, tal como lo hizo el James Webb que rompe la teoría de los agujeros negros.
Los investigadores también exploran la idea de planetoides huecos, pequeños cuerpos celestes que podrían haberse formado cuando un PBH consumió el núcleo líquido de un planeta o luna. A través de cálculos que comparan las resistencias de materiales como el granito y el hierro, el equipo determinó que el objeto hueco más grande no podría tener más de una décima parte del radio de la Tierra, o de lo contrario colapsaría debido a su propia tensión interna.
