Las conchas que quedan en el plato después de comer ostras parecen no servir para mucho.
Durante años, muchas terminaron directamente en la basura de los restaurantes y después en vertederos.
Pero en Florida empezaron a mirar ese desperdicio de otra manera.
Mientras las conchas se acumulaban lejos del mar, algunos arrecifes de ostras estaban perdiendo precisamente lo que necesitaban para recuperarse: superficies donde pudieran crecer nuevas generaciones.
Así que surgió una idea bastante sencilla.
¿Por qué no devolver al agua las conchas que nunca debieron terminar en la basura?
Una concha usada puede tener una segunda vida
Los arrecifes de ostras de Florida llevan años sufriendo los efectos de problemas como la sobreexplotación, las enfermedades y la contaminación.
En algunos lugares, donde antes había estructuras formadas por miles de ostras, quedaron zonas de barro o arena.
Y eso hace mucho más difícil que el arrecife vuelva por sí solo.
La razón está en la manera en que nacen las ostras.
Sus larvas pasan un tiempo flotando en el agua hasta que llega el momento de encontrar una superficie dura donde fijarse y empezar a crecer.
Una concha vieja es un lugar perfecto.
El problema aparece cuando ya casi no quedan conchas en el fondo.
Las larvas pueden seguir pasando por allí, pero tienen menos lugares adecuados donde quedarse.
Mientras esto ocurría en el mar, toneladas de conchas utilizadas por restaurantes acababan como desperdicio.
Entonces, distintos programas comenzaron a recogerlas para intentar cerrar ese círculo.
Pero sacarlas del restaurante y devolverlas al agua no es tan sencillo.
Antes de volver al mar tienen que pasar meses al aire libre
Las conchas todavía pueden tener restos de comida y otros materiales cuando salen de un restaurante.
Por eso no se pueden recoger por la mañana y arrojar al mar esa misma tarde.
Primero pasan por un proceso de curado al aire libre que puede durar varios meses.
Durante ese tiempo desaparecen los restos orgánicos y se reduce el riesgo de llevar organismos no deseados de un lugar a otro.
Después llega el momento de regresarlas al agua.
Equipos de especialistas y voluntarios colocan las conchas en lugares seleccionados de estuarios y zonas costeras.
Ahí empieza la parte interesante.
Las larvas que están en el agua encuentran una superficie dura donde fijarse. Si las condiciones son adecuadas, empiezan a crecer sobre esas conchas y poco a poco pueden formar nuevas estructuras.
Además, un arrecife de ostras no sirve únicamente para tener más ostras.
Sus huecos crean pequeños refugios que pueden aprovechar peces y otros animales, mientras las propias ostras filtran el agua para alimentarse.
Una ostra adulta puede llegar a filtrar alrededor de 190 litros de agua al día.
Cuando hay miles trabajando juntas, el efecto puede ser importante.
Pero devolver conchas al mar tampoco significa que automáticamente aparecerá un arrecife.
Los resultados son prometedores, pero no existe una receta mágica
Uno de los ejemplos más conocidos de restauración en Florida está frente a Cedar Key, en Lone Cabbage Reef.
Allí, investigadores de la Universidad de Florida trabajaron para recuperar la estructura que había perdido el arrecife y observaron que las ostras comenzaron a recolonizar las zonas restauradas.
En este caso se utilizó roca caliza, no solamente conchas recuperadas de restaurantes.
Pero el proyecto ayuda a explicar por qué recuperar una superficie sólida es tan importante.
Otros programas están intentando hacerlo precisamente con las conchas que antes se desechaban.
Y la idea no se limita a Florida.
En Texas, por ejemplo, el programa Sink Your Shucks lleva años recogiendo conchas de restaurantes, preparándolas y devolviéndolas a zonas costeras.
Eso no significa que se pueda tirar cualquier cantidad de conchas en cualquier parte del mar.
Hay que limpiarlas, elegir correctamente el lugar y comprobar que las condiciones permitan que las ostras vuelvan a establecerse.
También conviene tener cuidado con algunas cifras enormes que circulan sobre estos proyectos. No todos los números que se han difundido sobre la cantidad de conchas recuperadas en Florida cuentan con el mismo respaldo.
Lo que sí muestra Oyster Recovery es algo mucho más sencillo.
Una concha que termina en un vertedero ya no puede hacer demasiado.
Pero si se prepara correctamente y vuelve al lugar adecuado, puede convertirse en la superficie que una pequeña ostra estaba buscando para empezar a crecer.
Y así, lo que quedó en un plato después de una comida puede terminar formando parte de un arrecife otra vez.
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