Hay algo que crece justo en la costa, al lado de los arrecifes de coral, y la mayoría lo ignora.
Al imaginarnos el océano, lo primero que vemos es una imagen colorida, llena de vida y fotografiada un millón de veces.
Pero hay algo que crece justo al lado, en aguas poco profundas, y que los investigadores demostraron que podría tener una importancia enorme para las comunidades costeras.
¿Qué encontraron después de estudiar 3000 kilómetros de costa africana?
Cuál es el ecosistema que estuvo a la sombra de los arrecifes
Probablemente muchas personas hayan escuchado hablar de las praderas marinas, unas extensiones de plantas que crecen en fondos arenosos y poco profundos, cerca de las costas.
No son tan llamativas como los arrecifes ni atraen a los buzos con cámaras, pero sirven como criadero, refugio y zona de alimentación para numerosas especies marinas.
En las políticas de conservación, los arrecifes de coral y otros ecosistemas más visibles suelen concentrar gran parte de la atención.
Las praderas reciben mucha menos atención y, por lo tanto, menos financiamiento y protección.
A pesar de estar presentes en las costas de más de cien países, son casi invisibles para gran parte de la población.
Esa falta de atención tiene un costo real.
Las praderas marinas están desapareciendo de muchas áreas tropicales y durante mucho tiempo nadie midió con precisión cuánto se pierde cuando estos ecosistemas desaparecen.
Hasta ahora.
Lo que encontraron en las costas de Kenia y Mozambique
Un equipo de investigación liderado por la Universidad de Estocolmo estudió peces de 20 praderas marinas y 20 arrecifes a lo largo de 3000 kilómetros de costa, desde Kenia hasta Mozambique.
En vez de limitarse a contar las especies que había, los investigadores analizaron nutrientes como calcio, hierro, zinc, selenio, vitamina A y ácidos grasos omega-3.
El resultado fue inesperado.
Las capturas asociadas a las praderas marinas mostraron una disponibilidad especialmente importante de nutrientes esenciales para las comunidades locales.
Para tres nutrientes fundamentales, la disponibilidad nutricional de las capturas fue hasta ocho veces mayor en las praderas.
No solo eso.
Las especies de peces más valoradas localmente también eran más abundantes en estos ecosistemas.
El estudio calculó que un pez promedio capturado en una pradera marina podría cubrir alrededor del 70 % de las necesidades de selenio de un niño pequeño, el 21 % de zinc y el 5 % de hierro.
Esto resulta especialmente importante en regiones donde la desnutrición infantil continúa siendo un problema.
Pero si estas praderas son tan importantes para la alimentación de las comunidades costeras, ¿qué ocurre cuando comienzan a desaparecer?
Proteger la pradera es proteger la comida de una comunidad
La contaminación afecta a todo el entorno marino y las praderas son especialmente vulnerables ante diferentes actividades humanas.
Los sedimentos, las aguas residuales, los fertilizantes, las obras costeras y los daños físicos provocados por las anclas pueden destruir estos ecosistemas.
Cuando se pierde una pradera, las consecuencias afectan a toda la comunidad.
Para muchas personas que viven en zonas costeras, sobre todo en regiones tropicales con ingresos bajos y pocas alternativas económicas, la pesca artesanal representa una fuente fundamental de alimentos, proteínas e ingresos.
Si desaparecen las praderas, el impacto no se medirá únicamente en índices de biodiversidad, sino también en los platos de comida.
El estudio plantea que la selección de áreas marinas protegidas no debería basarse únicamente en el número de especies o en las toneladas de carbono almacenado.
También debería considerar los alimentos y medios de vida que esos ecosistemas proporcionan a las comunidades cercanas.
Durante años, gran parte de la conservación marina se ha concentrado en proteger la biodiversidad y los ecosistemas más conocidos.
Este estudio publicado en ScienceDirect añade un nuevo argumento: la seguridad alimentaria.
Las praderas marinas no son solo ecosistemas que debemos conservar.
También forman parte de la despensa de comunidades que dependen del océano para alimentarse y trabajar.
Protegerlas significa conservar la biodiversidad, pero también proteger la pesca, los ingresos y la calidad de la alimentación de millones de personas.
El verdadero cambio podría comenzar cuando las políticas de conservación dejen de preguntarse únicamente cuántas especies protege un ecosistema y empiecen a considerar también cuántas personas dependen de él para comer y vivir.
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