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Científicos preparan el traslado masivo de datos climáticos de EE. UU. a servidores en Alemania para evitar su alteración o eliminación

Por Luz Vaquero · 17 septiembre, 2026 · 9:27 p. m. · 4 min de lectura Compartir: f 𝕏 in
Científicos preparan el traslado masivo de datos climáticos de EE. UU. a servidores en Alemania para evitar su alteración o eliminación
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Con el inicio de los trabajos para la nueva evaluación climática de la ONU, que debe presentarse en 2029, la comunidad científica a nivel global está ejecutando una operación nunca vista que consiste en transferir grandes cantidades de datos climáticos de Estados Unidos a Alemania para su seguridad. Una maniobra que responde a la creciente preocupación ante la eventualidad de que la administración del presidente Trump modifique, oculte o elimine información empírica clave para las investigaciones a nivel internacional. Con el objetivo de custodiar esas colecciones de datos tan valiosas, instituciones europeas están llevando a cabo grandes inversiones en infraestructura de almacenamiento de datos, lo que supone un cambio radical en la forma de proteger el conocimiento científico.

Interferencia estatal y planes de salvaguarda

La desconfianza hacia la política científica de EE. UU. se disparó en Europa cuando el Gobierno estadounidense se retiró del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) y de la Convención Marco de la ONU sobre el Cambio Climático. Las inquietudes son fuertemente sentidas, a partir de acciones concretas ejercidas por el propio gobierno, que recortó abruptamente fondos de investigación, eliminó toda expresión del calentamiento global de las páginas web del gobierno y quiso cerrar el mítico Observatorio Mauna Loa de Hawái, que es el que lleva el registro casi ininterrumpido más antiguo de los niveles de dióxido de carbono.

El clima de alarma creció indudablemente cuando el equipo del Departamento de Eficiencia Gubernamental eliminó sin más cientos de conjuntos de datos del Centro de Datos y Aplicaciones Socioeconómicas, SEDAC (NASA), provocando que numerosas instituciones tuvieran que rescatar la información antes de su eliminación e instalarla en un nuevo servidor.

La Fundación Alemana de Investigación puso a disposición un programa de emergencia codificado con un presupuesto de US$35 millones para alojar permanentemente copias de los datos públicos estadounidenses como una forma de protegerse de estas contingencias.

Retos técnicos para el almacenamiento transatlántico

Situada en el Centro Alemán para la Computación Climática (DKRZ), en Hamburgo, esta vertiginosa operación de copia de seguridad exige la instalación de nuevos racks metálicos que otorgan otros 5 petabytes de capacidad a los 254 que ya forman parte de la infraestructura del centro. Llevar archivos tan enormes a través de miles de millas de distancia oceánica plantea problemas logísticos importantes ya que mover petabytes a través de Internet puede llevar meses y la renta de cables de fibra óptica de alta velocidad es demasiado costosa.

El motivo principal es que el método más económico es el transporte físico de discos duros o cintas magnéticas a través de automóviles, aviones y barcos de carga; este arduo proceso explica por qué los científicos siempre dependían de un solo lugar fijo para almacenar sus datos.

Además del inmenso reto que representa el transporte físico transatlántico, a los archiveros les asalta la cuestión de la legibilidad tecnológica en un horizonte temporal amplio. Los expertos en repositorios de datos a largo plazo advierten que para preservar los propios datos también es necesario mantener el software específico necesario para leer y analizarlos de manera indefinida.

Amenazas internacionales y la necesidad de una resistencia

El escenario de amenazas contra la información científica no se restringe al ámbito de los EE. UU. Diferentes centros de investigación en países como Croacia y Alemania fueron objetivo de ataques cibernéticos sofisticados, en los que los hackers bloquean el acceso a los archivos, demandando millonarios rescates. Al mismo tiempo, los conflictos armados actuales, como los brutales bombardeos rusos sobre las universidades o los institutos en Ucrania, han subrayado que la infraestructura científica se renueva año a año como objetivo militar deliberado. En el contexto de esta creciente fragilidad institucional y física, los líderes científicos insisten en una reflexión radical sobre cómo se organiza el conocimiento mundial.

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