El viento puede secar la vegetación mucho más de lo que parece.
No hace falta que las temperaturas sean demasiado altas: el movimiento del aire también influye en la cantidad de agua que pierden las plantas.
Hasta ahora, no estaba tan claro cuánto afectaba ese proceso a los ecosistemas. Por eso, un equipo de la Academia China de Ciencias decidió estudiar qué ocurría en bosques, pastizales y otros ambientes de distintas partes del mundo.
Los resultados mostraron que, en cerca del 80 % de los sitios analizados, los vientos más fuertes estaban relacionados con una menor eficiencia en el uso del agua.
En términos sencillos, la vegetación perdía más agua por cada unidad de carbono que incorporaba de la atmósfera.
Lo interesante es que esa relación se mantenía incluso después de considerar las lluvias, la temperatura y otras condiciones ambientales.
Por qué las plantas pierden más agua cuando sopla viento
Las plantas necesitan dióxido de carbono para crecer. Lo absorben a través de pequeños poros que tienen en sus hojas, conocidos como estomas.
Pero hay un detalle: mientras esos poros están abiertos, también se escapa vapor de agua.
Alrededor de las hojas suele formarse una fina capa de aire húmedo que ayuda a frenar esa pérdida. Cuando sopla viento, el aire se renueva más rápido y la humedad puede escapar con mayor facilidad.
Es algo parecido a lo que ocurre con la ropa tendida. En un día ventoso se seca antes, aunque no haga demasiado calor.
Con la vegetación sucede algo similar, solo que aquí la pérdida de agua está relacionada con la fotosíntesis.
Los investigadores explican este fenómeno mediante la conductancia aerodinámica, que describe la facilidad con la que el aire transporta humedad desde las plantas hacia la atmósfera.
Cuanto más intenso es ese intercambio, mayor puede ser la cantidad de agua que pierde el ecosistema.
Eso no significa que las plantas dejen de absorber carbono o que su crecimiento se detenga. Simplemente, pueden perder más agua para incorporar una misma cantidad de carbono.
Qué encontraron los científicos al estudiar ecosistemas de todo el mundo
Para comprobarlo, los investigadores utilizaron mediciones del intercambio de agua y carbono entre la vegetación y la atmósfera.
Los datos procedían de estaciones de monitoreo ubicadas en diferentes regiones del planeta. Después los combinaron con simulaciones de modelos del sistema terrestre.
Al comparar la información, encontraron que la relación entre vientos más fuertes y menor eficiencia hídrica aparecía en aproximadamente ocho de cada diez sitios.
Sin embargo, había que tener cuidado con la interpretación.
Las plantas también pierden agua por efecto del calor, la radiación solar o la sequedad del aire. Las lluvias y la concentración de dióxido de carbono pueden influir en ese equilibrio.
Por eso, los científicos tuvieron en cuenta esas variables antes de sacar conclusiones.
Y la relación con el viento seguía presente.
Aunque no todos los ecosistemas respondieron igual. Los bosques de coníferas que mantienen sus hojas durante todo el año y los ambientes húmedos mostraron una mayor sensibilidad.
Los investigadores también observaron que la menor eficiencia se debía principalmente al aumento de la evapotranspiración.
Este proceso incluye el agua que se evapora del suelo y la que liberan las plantas a través de sus hojas.
La reducción del carbono incorporado mediante la fotosíntesis tuvo un efecto menor.
En otras palabras, el cambio más importante no era que la vegetación dejara de absorber carbono, sino que perdía más agua en relación con lo que absorbía.
Por qué este descubrimiento importa para el futuro del clima
Cuando se intenta calcular cómo responderán los bosques o las zonas agrícolas a los cambios del clima, la disponibilidad de agua es una de las grandes preocupaciones.
Para hacer esas estimaciones, los científicos estudian la temperatura, las precipitaciones y la humedad del aire, entre otros factores.
El viento también influye, pero este trabajo muestra que conviene prestar más atención a su efecto sobre la cantidad de agua que pierde la vegetación.
Si la velocidad del viento cambia en una región, también podría modificarse el intercambio de agua y carbono entre sus ecosistemas y la atmósfera.
Eso no quiere decir que todos los cultivos vayan a necesitar más riego ni que los bosques necesariamente crezcan menos. Cada lugar tiene sus propias condiciones y la respuesta de las plantas puede variar.
Lo que sí aporta el estudio es información para mejorar los modelos con los que se intenta anticipar esos cambios.
También ayuda a entender algo que ocurre incluso cuando no lo vemos.
Una corriente de aire puede renovar la humedad que rodea las hojas y facilitar que el agua escape hacia la atmósfera.
Y cuando ese proceso se repite en un bosque o un pastizal entero, su efecto sobre el uso del agua puede ser considerable.
Puedes revisar el estudio completo: Wang, X., Peñuelas, J., Ciais, P., Du, C., Smith, W. K., He, P., Feng, H., Wu, C., Yu, K., Zeng, Z., Xiao, J., Ren, S., Chen, G., Li, X., Zhang, Y., Wang, S., Wang, T., Wang, S., Zhang, Q., & Fu, Z. (2026). High wind speed reduces water use efficiency across terrestrial ecosystems. Nature Climate Change. https://doi.org/10.1038/s41558-026-02781-z
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