Las estrellas que conoces y ves en el cielo podrían estar eliminando planetas del mapa
Durante millones de años, las estrellas sostienen a sus mundos en una danza gravitacional perfecta, dándoles calor, luz y estabilidad.
Pero hay un momento en la vida de cada estrella en el que esa relación cambia para siempre. Un nuevo estudio acaba de revelar lo que les ocurre a los planetas cuando eso sucede. ¿Qué es exactamente lo que desencadena su destrucción?
Qué misterios esconden las estrellas
El universo es tan grande que resulta casi ofensivo intentar describirlo con números. Innumerables galaxias, cada una con miles de millones de estrellas, y la mayoría de ellas con planetas orbitando a su alrededor.
Un sinfín de mundos que existen ahí fuera, imposibles de calcular, muchos de los cuales no durarán para siempre.
Los planetas mueren de distintas formas y cada muerte es más impresionante que la anterior. Algunos pierden su campo magnético cuando el núcleo se enfría y quedan expuestos a la radiación de su estrella hasta volverse inhabitables.
Otros son sacudidos de su órbita por la gravedad de un cuerpo masivo que pasa demasiado cerca, o terminan engullidos por agujeros negros o por su propia estrella.
¿Y los planetas errantes? Son quizás los más inquietantes de todos. Mundos que en algún momento tuvieron una estrella, pero por alguna perturbación gravitacional perdieron ese vínculo y quedaron vagando solos en la oscuridad del cosmos, sin rumbo ni destino.
Se estima que podrían ser más numerosos que las propias estrellas.
Una desaparición que no se puede explicar por completo
Durante años, los astrónomos tenían la sospecha de que las estrellas envejecidas destruían los planetas más cercanos a ellas, pero no tenían forma de demostrarlo a gran escala.
Un nuevo estudio liderado por astrónomos de la Universidad de Warwick y el University College London aporta ahora evidencia concreta de que los planetas pueden ser atraídos hacia adentro y destruidos a medida que sus estrellas evolucionan.
Para llegar a esa conclusión, publicada en el Monthly Notices of the Royal Astronomical Society, los investigadores analizaron casi medio millón de estrellas que habían entrado recientemente en la fase «post-secuencia principal» de su ciclo de vida.
Usando los mismos satélites con los que la NASA llegó a grabar una muerte cósmica, buscaron planetas gigantes que completan una vuelta alrededor de su estrella en doce días o menos.
El equipo identificó 130 planetas y candidatos a planeta, incluyendo 33 que no habían sido detectados antes.
Al limitar el análisis a las estrellas ya clasificadas como gigantes rojas, descubrieron que la probabilidad de que una de ellas albergara un planeta cercano era de apenas el 0,11%, tres veces menor que en estrellas más jóvenes. El patrón era demasiado claro para ignorarlo.
Lo que ocurre cuando una estrella pasa a ser una gigante roja
Cuando una estrella agota su combustible de hidrógeno, comienza a enfriarse y a expandirse, convirtiéndose en una gigante roja. Durante ese proceso, puede crecer hasta cientos de veces su tamaño original, y todo lo que orbita demasiado cerca empieza a sentirlo.
En el caso de nuestro Sol, esto ocurrirá en aproximadamente cinco mil millones de años.
El doctor Edward Bryant explicó que la destrucción ocurre por una pugna gravitacional entre el planeta y la estrella, llamada interacción de marea, que se intensifica a medida que la estrella crece.
El planeta pierde poco a poco su órbita y termina cayendo en espiral hacia la estrella hasta ser absorbido por ella, algo similar a lo que le ocurrió al cometa que la NASA grabó desintegrándose al acercarse demasiado al Sol.
Según el coautor del estudio, el doctor Vincent Van Eylen, de Oxford University, la Tierra es más segura que los planetas gigantes del estudio, que orbitan mucho más cerca de su estrella.
Pero los investigadores solo observaron la primera etapa de la fase post-secuencia principal, y las estrellas tienen mucha más evolución por delante.
Las estrellas no son eternas guardianas de sus mundos. Lo que este estudio muestra es que el fin de un planeta no siempre llega desde el exterior, sino desde la misma fuente que lo sostuvo durante miles de millones de años.
Es una dinámica que los astrónomos conocían en teoría, pero que ahora pueden ver reflejada en cientos de miles de sistemas reales. Así de curioso es el cosmos. Mientras la ciencia continúa investigando estos fenómenos, los astronautas vuelven a la Luna en Artemis II.
