La adopción acelerada de baterías industriales es una prioridad innegable para mantener el ritmo veloz y exigente que prosigue el desarrollo en inteligencia artificial en Estados Unidos. A medida que las empresas sacan un gran montón de críticas por usar generadores contaminantes para abastecerse de energía en sus nuevas instalaciones, el almacenamiento masivo aparece como una necesidad insustituible que optimiza el suministro, que implica reducir la huella de carbono y estabilizar los elevados precios que exige procesar los datos.
El apogeo del almacenamiento masivo en contraposición al consumo informático
La gigantesca demanda energética en los centros de datos lleva a las empresas a buscar alternativas dentro de su negocio. Ante la prolongada espera que precisan las autoridades locales para incorporarse a la red tradicional, numerosas empresas instalan generadores a gas, llegando a valores superiores a los 100 gigavatios en esta forma de suministro. Aparte de esta gestión para la generación y su combinación con energías renovables, las empresas tecnológicas comienzan a integrar altas capacidades de baterías de iones de litio en sus instalaciones.
Un estudio elaborado por la Asociación de Industrias de Energía Solar y Benchmark Mineral Intelligence constató que los centros de datos aglutinaban 5 gigavatios/hora de los casi 31 gigavatios/hora instalados en el primer semestre, y concentraban el 75 % de la capacidad en lugares comerciales o industriales. Los analistas anticipan que la demanda de baterías se multiplicará también por cinco hacia finales de la década.
Compensar a las comunidades a través de las baterías del hogar y la climatización
El ascenso de la inteligencia artificial también alimenta el consumo de almacenamiento doméstico a partir de acuerdos entre las empresas y los barrios. Para obtener licencias que faciliten la conexión al sistema de la red eléctrica, varios centros de datos financian la instalación de baterías en casas próximas. Según este modelo, los ciudadanos, durante las horas pico de mayor consumo, descargan energía hacia la red común, dedicando y descargando el enorme consumo provocado por los servidores.
Por otra parte, algunas empresas buscan abastecer sus necesidades instalando paneles fotovoltaicos en techados de viviendas cercanas o financiando el aislamiento térmico en los hogares para minimizar su consumo de climatización. Estas alternativas técnicas complementarias y ágiles no solo permiten reducir el consumo de las redes locales, sino que constituyen una herramienta fundamental para paliar la desaprobación de las comunidades cercanas a la construcción de estas infraestructuras digitales.
Licencia social y rentabilidad frente a las generaciones contaminantes
La resistencia por parte de la ciudadanía es una piedra en el zapato para las empresas tecnológicas. Una encuesta de la Universidad Yale indica que el 56 % de los estadounidenses no apoyan la construcción de un centro de datos en su localidad, frente a un 15 % que sí lo hace. El 73 % de los encuestados también era favorable a que estas instalaciones compensasen su consumo de energía, utilizando sustitutos como los paneles solares o el aislamiento en las viviendas.
En este sentido, se subraya que las soluciones comunitarias pueden ser afortunadas desde un punto de vista económico: el exfuncionario del Departamento de Energía, Jigar Shah, señalaba que el costo de aislar casas es más competitivo que el de instalar turbinas de gas en el lugar. También explicó que las corporaciones necesitan el consentimiento de las poblaciones para mantenerse en funcionamiento, y que desde aquí la aceptación social es una de las cuestiones que los promotores de proyectos deben resolver rápidamente.
Sin lugar a dudas, el auge de la inteligencia artificial está llevando al mercado de las baterías a niveles jamás alcanzados. La incorporación de sistemas de almacenamiento a las empresas optimiza su infraestructura y reduce el impacto que sus plantas térmicas pueden tener sobre su área de influencia.
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