La transformación de los centros de datos que aplican inteligencia artificial origina un replanteamiento total del consumo eléctrico. Y, en la medida en que avanzan las instalaciones, la Agencia Internacional de la Energía (AIE) ha editado un informe que muestra la exacta dimensión de esta transformación. Resulta apremiante saber cuánta electricidad utilizan, pues estas instalaciones complejas son las que están cogiendo forma a una velocidad vertiginosa, planteando grandes incógnitas sobre la resistencia de los sistemas mundiales contemporáneos.
Las grandes inversiones y el control sobre el progreso a través de satélites
La inversión que se llevó a cabo para construir esas infraestructuras tecnológicas es verdaderamente histórica, de hecho, en lo que alude a 2025, sólo cinco empresas líderes invirtieron más dinero en construir instalaciones de procesamiento de datos que todo lo que requirió el envío de seres humanos a la Luna. Esta masiva inversión es el reflejo de la competencia por el control, propiciando además complejos que requieren de volúmenes energéticos realmente enormes para funcionar y refrigerar de manera incansable sus modernos servidores.
Con la finalidad de poder corroborar la expansión física, los autores del informe hicieron una exhaustiva aplicación, nunca antes puesta en uso ni descrita, de un gran sistema de seguimiento por medio de satélites. A partir de este mapeo geoespacial, la agencia fue registrando la posición y la velocidad de construcción de cada uno de los clústeres tecnológicos, verificando la afirmación de que la capacidad instalada, a nivel mundial, se duplicaba en un periodo de sólo un año. Esta expansión geográfica hace que sea necesario redefinir las proyecciones de la demanda de electricidad.
El impacto directo sobre las redes y los precios de mercado
La extraordinaria exigencia energética constituye un reto muy importante para la infraestructura de transmisión de energía eléctrica. La agrupación de colosos implica, al fin y al cabo, una elevada carga concentrada y produce una tensión de funcionamiento en función de la carga comprometida para el futuro de un área. Este compromiso para el futuro de un país, para un área, o incluso para una enorme ciudad constituida por controladores del sistema eléctrico diario que deben equilibrar, nos lleva a plantear inversiones extraordinarias para evitar el colapso de las redes públicas locales.
Esta presión crea lógicas inquietudes por el impacto directo, inevitable, sobre los precios finales para los consumidores. El monopolio de los algoritmos de control de la generación arroja una competencia por los recursos energéticos extremadamente elevada. Sin expansión de la oferta de megavatios «limpios» en breve, los precios residenciales e industriales van creciendo y se hallarán los efectos colaterales en la economía cotidiana de millones de familias o empresas tradicionales.
Inteligencia artificial para optimizar la red
A pesar de este inquietante panorama, no toda la inteligencia artificial requiere los mismos niveles de consumo eléctrico. Hay muchos ingenieros trabajando duramente en optimizar el código que subyace a los modelos lingüísticos con el objetivo de consumir menos energía por cada cálculo que sea realizado. Aun así, la cuantía del uso de estas complejas plataformas sigue creciendo rápidamente, de la misma forma que pueden ser rápidamente superados los grandes avances en la eficiencia individual con la incorporación masiva de millones de nuevos usuarios interactivos cada día.
La tecnología que amenaza con saturar los sistemas también proporciona herramientas para solucionar grandes fallas estructurales. De hecho, se están poniendo en práctica modernos algoritmos para realizar la gestión y optimización de las extensas redes de distribución. Mediante el análisis de los parámetros meteorológicos y gracias a la previsión de los niveles de consumo en tiempo real, los sistemas avanzados de coordinación del almacenamiento pueden alcanzar una sorprendente eficiencia y ayudar así a la necesaria modernización ecológica. El avance de la inteligencia artificial reconfigura el mapa energético del ámbito internacional en un tiempo récord.
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