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Tecnología

Los NIH financian un ensayo tecnológico exitoso que devuelve la capacidad de comunicación desde el hogar a una persona con parálisis severa

Por Luz Vaquero · 25 julio, 2026 · 8:53 p. m. · 4 min de lectura Compartir: f 𝕏 in
Los NIH financian un ensayo tecnológico exitoso que devuelve la capacidad de comunicación desde el hogar a una persona con parálisis severa
Fuente: Robina Weermeijer
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La incapacidad de comunicarse verbalmente es devastadora para las personas afectadas por la esclerosis lateral amiotrófica (ELA) y por otras tantas enfermedades neurológicas que traen como consecuencia la parálisis. Hasta el momento, las herramientas para comunicarse habían sido tableros con imágenes muy simples, que, aun siendo útiles, suelen ser muy lentos. Para evitar que esta barrera persistiese, un grupo apoyado por los Institutos Nacionales de Salud (NIH) ha alcanzado un avance médico extraordinario: ha construido una nueva interfaz cerebro-computadora.

La ciencia detrás del dispositivo y su testeo en casa

El desarrollo de esta tecnología tiene lugar mediante la colocación de electrodos en la corteza motora, que es la sección del cerebro que se encarga de controlar el habla, así como los movimientos del cuerpo. Estos sensores son capaces de detectar las señales neuronales correspondientes, justo en el momento en el que la persona hace el intento de pronunciar una palabra, logrando traducir esta actividad cerebral a su vez en texto de forma instantánea.

Para comprobar la genuina función de esta tecnología, el equipo de la Universidad de California en Davis, bajo la dirección de la doctora Sergey Stavisky y el doctor David Brandman, puso en práctica la experiencia en un entorno de la vida diaria. Esta investigación publicada en Nature Medicine fue protagonizada por Casey Harrell, un varón de 45 años cuya lucidez mental permanece sin alteración a pesar de la debilidad muscular como consecuencia de ELA.

Autonomía en la comunicación propia con voz y acompañamiento de corrección en forma instantánea

El sistema implementado en el hogar de Harrell se basó en un extenso vocabulario de 125 000 palabras para decodificar su actividad cerebral, mostrando las oraciones rápidamente en una pantalla, aunque sin la posibilidad de realizar correcciones inmediatas.

El mayor logro a nivel emocional fue que el sistema leía los mensajes en voz alta utilizando una réplica digital de la voz de los pacientes. Esta voz fue recreada a partir de grabaciones obtenidas antes del inicio de su enfermedad. A diferencia de las interfaces experimentales previas, este modelo proporcionó a Harrell un control completo para enviar sus propios mensajes.

El paciente podía calificar la exactitud de cada oración y realizar correcciones moviendo un cursor en la computadora, el cual no dependía de ningún tipo de movimiento manual, sino que era controlado únicamente a partir de su actividad cerebral o de sus movimientos oculares, lo que para él significaba la autonomía.

La eficacia del uso continuado y el papel de los cuidadores

La puesta en práctica del mismo siguió un esquema de trabajo que garantizó su funcionamiento a largo plazo. En las primeras 280 jornadas del ensayo, los investigadores visitaron el domicilio de Harrell entre dos y cuatro ocasiones en la semana, para posteriormente entrenar a sus cuidadores diarios para configurar el sistema de forma automática, de tal manera que el paciente pudiera utilizar la tecnología casi a diario y en cualquier momento que lo deseara.

A lo largo de más de 22 meses, Harrell acumuló más de 3800 horas de uso para abatir el habla en persona, videoconferencias telefónicas, correos electrónicos y mensajes de texto. De más de 180 000 oraciones generadas, el paciente calificó el 79 % como correctas o mayormente correctas, y aprendió a corregir un 13 % más. Con la práctica, a través del tiempo, el paciente fue capaz de manejar declaraciones cada vez más largas y cada vez más concretas.

El éxito de este ensayo clínico representa una hazaña de primer orden en la lucha contra las afecciones neuromusculares severas. Como indicó el propio Harrell a través del dispositivo, el mismo permite una comunicación mucho más natural que la tecnológica que poseía anteriormente. El simple hecho de que un paciente con parálisis pueda ser capaz de utilizar el equipo de manera independiente durante años indica el potencial práctico que tiene el dispositivo.

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