Las alteraciones que se desarrollan en el cerebro y que dan lugar a la enfermedad de Alzheimer comienzan a aparecer entre 20 y 30 años antes de que surjan los primeros problemas de memoria. En este contexto, un estudio financiado por los Institutos Nacionales de la Salud (NIH) ha revelado que algunos análisis de sangre existentes pueden detectar un mayor nivel de proteínas asociadas a la enfermedad en personas de mediana edad. Tal investigación propone un cambio en la forma de detectar aquellos marcadores.
Una alternativa que resulta más económica y menos invasiva
A lo largo de la historia, hubo dos señales características halladas en las cabezas de aquellos que padecen Alzheimer, es decir, las placas de proteína beta amiloide (las cuales se producen de manera natural en nuestro cerebro) y los ovillos (también de proteína tau). Estas eran solamente detectadas por escáneres cerebrales o pruebas de líquido cefalorraquídeo, métodos que, aunque eficaces, solo presentan grandes inconvenientes por su alto costo y porque son altamente invasivos para los pacientes.
Ante esta situación, los análisis de sangre que ahora miden el contenido de las proteínas beta amiloide y tau se presentan como una alternativa mucho más económica y fácil de llevar a cabo.
Hasta ahora, la mayoría de los estudios sobre estas pruebas sanguíneas se habían realizado sobre todo en adultos mayores o en personas con un diagnóstico confirmado de Alzheimer, lo cual limitaba su estudio en las etapas previas a la aparición de los síntomas.
Influencia de los biomarcadores en la mediana edad
Para evaluar la utilidad precoz de estas pruebas, el equipo investigador empleó datos procedentes del estudio de Desarrollo del Riesgo para la Arteria Coronaria en Adultos Jóvenes (CARDIA), analizando muestras de sangre de 1350 participantes sometidos a un examen para el seguimiento entre 2020 y 2022. Los individuos que con 50-60 años de edad no mostraban ningún tipo de demencia fueron sometidos a pruebas cognitivas.
Los resultados mostraron que entre el 4 % y el 15 % de los participantes presentaron niveles de tres biomarcadores sanguíneos lo suficientemente elevados como para indicar que, en su cerebro, ya podrían estar presentes las características del alzhéimer. A pesar de ello, estos participantes obtuvieron peores resultados en las pruebas de velocidad de procesamiento mental (que miden la rapidez de la interpretación de nueva información) y durante la función ejecutiva, es decir, en la forma en la que gestionan los pensamientos y las emociones para cumplir las tareas.
Prevención y cambios en los estilos de vida
El seguimiento a este grupo de personas también sirve para comparar los hallazgos nuevos con pruebas cognitivas en las que se estaba expuesto al examen CARDIA cinco años antes. El promedio global en esta población mostró un cierto, pero solo un modesto, deterioro cognitivo a lo largo de ese tiempo, mientras que los individuos con niveles altos de biomarcadores de alzhéimer mostraron decrementos cognitivos mucho más notables en la velocidad de procesamiento y en el material verbal, que es la habilidad para retener palabras a largo plazo o recordarlas.
A pesar de que se necesita más investigación para entender adecuadamente lo que conllevan estos altos niveles de proteínas a lo largo del tiempo, los hallazgos sugieren que los análisis de sangre pueden detectar cambios cerebrales de manera temprana o anticipada. Tal y como ya ha explicado la Dra. Yaffe, detectar con adelanto la enfermedad conlleva que los pacientes se centren en los factores de riesgo modificables y busquen otros cuidados que puedan permitir que la aparición de los síntomas se pueda retrasar.
La novedad que presentan los científicos respaldados por los NIH constituye un paso de enorme trascendencia para la medicina dedicada a las patologías neurodegenerativas. Demostrar que las alteraciones del cerebro pueden ser visibles a través de análisis de sangre ofrece una oportunidad única.
