Hace más de cincuenta años, Nuevo México decidió introducir un animal que nunca había formado parte de su fauna.
Era el órix del Cabo, un antílope africano de más de 200 kilos, con cuernos largos y una capacidad poco común para soportar el calor y la falta de agua.
La intención era ofrecer una nueva especie para la caza. Entre finales de los años sesenta y la década de 1970 se liberaron varios ejemplares, que encontraron condiciones favorables para vivir y reproducirse.
Con los años, los órix comenzaron a alejarse de los lugares donde habían sido soltados. Algunos ya se han registrado a más de 100 kilómetros de esos puntos.
Ahora, una investigación sugiere que el cambio climático podría permitirles llegar mucho más lejos.
Los científicos identificaron regiones del oeste de Estados Unidos donde las condiciones podrían volverse adecuadas para estos animales hacia finales de siglo. La duda es qué ocurriría con la fauna local si los órix llegaran a establecerse allí.
Un superviviente de 200 kilos adaptado al desierto
El órix del Cabo, también conocido como gemsbok, puede pasar largos períodos sin acercarse a una fuente de agua. Buena parte de la humedad que necesita la obtiene de las plantas que come.
Y no depende de encontrar vegetación tierna. También aprovecha pastos secos y plantas fibrosas que otros herbívoros tienen más dificultades para digerir.
Su organismo está preparado para soportar temperaturas elevadas. Cuenta con mecanismos que ayudan a regular la temperatura de la sangre que llega al cerebro, algo que le permite tolerar mejor el calor intenso.
Estas características explican por qué logró adaptarse a los desiertos de Nuevo México, donde el agua y el alimento pueden escasear durante buena parte del año.
También encontró menos depredadores que en África.
Allí debe cuidarse de leones y hienas. En Nuevo México, los coyotes pueden atacar a las crías y los pumas también pueden cazar órix, aunque los adultos no son presas habituales.
Esa menor presión de los depredadores fue otra ventaja para una especie que ya estaba bien preparada para vivir en ambientes secos.
Un clima más cálido que abre nuevos caminos
Los órix soportan bien el calor, pero no ocurre lo mismo con los inviernos demasiado fríos. Las bajas temperaturas pueden limitar las regiones donde consiguen sobrevivir.
Los investigadores quisieron averiguar qué pasaría si los inviernos se volvieran más cálidos durante las próximas décadas.

Para ello, reunieron registros de presencia de estos animales y los analizaron junto con datos ambientales y proyecciones climáticas hasta 2100.
Los resultados muestran que algunas zonas que hoy son demasiado frías podrían ofrecer mejores condiciones para los órix en el futuro.
También podrían conectarse territorios adecuados que actualmente están separados, lo que facilitaría su posible desplazamiento.
Los modelos identifican áreas de Texas, Arizona, Utah y California. Incluso aparecen sectores del sur de Washington y Montana.
Sin embargo, eso no significa que los órix vayan a llegar necesariamente a todos esos lugares.
Para establecerse necesitan encontrar alimento y superar obstáculos como carreteras, zonas urbanizadas y barreras naturales.
Por eso, el estudio no asegura que estos antílopes vayan a extenderse por todo el oeste del país. Lo que muestra es dónde podrían encontrar condiciones favorables para vivir si logran llegar.
Qué riesgos podría representar el órix para la fauna y la ganadería
La llegada de un animal que no es nativo puede cambiar la forma en que las especies de una región comparten el alimento y el territorio.
En el caso del órix, una de las preocupaciones aparece durante las sequías.
Cuando falta lluvia y los pastizales se deterioran, los ganaderos pueden retirar sus vacas de algunas zonas para permitir que la vegetación se recupere.
Los órix silvestres, en cambio, pueden permanecer allí y seguir comiendo plantas secas y resistentes.
Eso podría aumentar la competencia con especies nativas, como el berrendo, que también necesitan encontrar alimento.
Si las poblaciones de órix crecen demasiado, su presencia podría ejercer una presión adicional sobre los pastizales y los suelos más frágiles
Aunque todavía se necesitan más estudios para conocer el alcance real de esos efectos.
También existe una preocupación por las enfermedades.
Algunas investigaciones han encontrado indicios de exposición a patógenos que afectan al ganado. Esto plantea preguntas sobre una posible transmisión entre especies, aunque no demuestra que los órix estén contagiando actualmente a las vacas.
Por ahora, los científicos no pueden asegurar hasta dónde llegarán estos animales.
Pero los modelos muestran que el aumento de las temperaturas podría permitirles vivir en regiones donde antes el frío era un obstáculo.
Esa información puede ayudar a identificar las zonas que convendría vigilar y estudiar los posibles efectos sobre la fauna nativa y la ganadería antes de que aparezcan nuevas poblaciones.
Puedes revisar la investigación completa en: Alexander, N., Andreoni, K. J., & Schooley, R. L. (2026). Predicted range expansion of exotic Gemsbok (Oryx gazella) under climate change in the United States. Journal of Mammalogy, gyag083. https://doi.org/10.1093/jmammal/gyag083
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