En el tema de las emisiones de metano, la atención del público suele centrarse en fuentes como la producción de combustibles fósiles, los vertederos o la ganadería intensiva. Pero dentro de los círculos ambientales se está hablando cada vez más de una afirmación inesperada: los pequeños humedales, cuerpos de agua demasiado pequeños para aparecer en los mapas satelitales normales, son en realidad una de las principales fuentes naturales de metano del mundo. ¿Qué revelan los datos climáticos recientes sobre estos ecosistemas que no se ven?
El debate alrededor del origen del gas invernadero
Durante décadas, los inventarios climáticos han subestimado el impacto de los cuerpos de agua de menor escala. Las herramientas de modelado global, que tradicionalmente dependían de sensores de microondas pasivos, pueden penetrar las copas de los árboles, pero su resolución es demasiado gruesa para detectar humedales pequeños. Por eso, surgió un vacío de información. El pensamiento de que solo las grandes extensiones pantanosas, que son vistas fácilmente desde el espacio, valían la pena contar en el presupuesto global de metano, se mantuvo.
La realidad: los pequeños ecosistemas son gigantes emisores
Esto es una afirmación completamente cierta. Una investigación efectuada en junio de 2026, por parte de la Universidad de Texas en Austin, cuantificó este fenómeno por primera vez a escala global. Con imágenes satelitales de alta resolución y haciendo uso de inteligencia artificial, los investigadores identificaron cerca de 160 millones de pequeños humedales que no aparecían en los registros históricos.
El impacto conjunto de estos ecosistemas es enorme, llegando los investigadores a calcular que, entre todos, estos pequeños cuerpos de agua producen el 24 % de las emisiones de metano asociadas con los humedales no forestales del planeta. Estos sitios presentan un tamaño muy diverso: por un lado podemos encontrarlos tan pequeños como cuartos de acre (que son del tamaño de una piscina de tamaño olímpico) o tan grandes como manchas geográficas de unos 250 acres.
La química bajo el agua
Para entender por qué un humedal emite cualquier gas, hay que mirar bajo la superficie. La Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA) explica que los procesos microbianos que ocurren en los humedales son una fuente natural primaria de este compuesto. Los suelos pantanosos están permanentemente saturados de agua, lo que bloquea drásticamente la transferencia de oxígeno desde el aire hacia la tierra
En ausencia de oxígeno, prosperan los microorganismos que descomponen la materia orgánica y liberan metano como producto de este proceso, que es un gas que produce efecto invernadero 80 veces más potente que el dióxido de carbono durante los 20 años tras su liberación. Así, el proceso biológico determinante convierte a los humedales en los mayores emisores naturales del planeta.
El ciclo de retroalimentación de cambio climático
Cerca de dos tercios de las emisiones de metano a nivel global proceden de fuentes antrópicas sobre las que tienen control los seres humanos, como la industria del petróleo o la agricultura. Sin embargo, las emisiones de metano naturales no son fijas y reaccionan de manera rápida a la temperatura. El estudio de la Universidad de Texas afirmó que las emisiones de metano de estos pequeños humedales se habían incrementado un 9,9 % del año 2003 al 2022. A medida que se calienta el planeta, se intensifica la actividad microbiana en el barro, lo que incrementa todavía más las emisiones naturales, estableciéndose así un ciclo que hace que el calentamiento global aumente.
Medir el clima requiere utilizar una mezcla de redes de torres de flujo, mediciones aéreas, satélites de alta precisión y lotes experimentales para atrapar la dinámica de estos ecosistemas pequeños pero extremadamente poderosos. Eludir un humedal porque resulta pequeño no es más que un error para ignorar uno de los motores climáticos más grandes que la naturaleza ha puesto en marcha.
Fuentes:
- Li, F., et al. (2026). Easily Overlooked Small Wetlands Are a Big Source of Global Methane. The University of Texas at Austin.
- He, J., Naik, V., & Horowitz, L. W. (2026). A New Look at Methane’s Rise Shows Why Atmospheric Chemistry Matters for Understanding Emissions. National Oceanic and Atmospheric Administration (NOAA).
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