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El deslizamiento de unos 84 millones de yardas cúbicas de roca en Alaska provocó un tsunami que alcanzó 1580 pies, el segundo mayor registrado

Por Skarlett Soto · 26 octubre, 2026 · 9:55 p. m. · 5 min de lectura Compartir: f 𝕏 in
El deslizamiento de unos 84 millones de yardas cúbicas de roca en Alaska provocó un tsunami que alcanzó 1580 pies, el segundo mayor registrado
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Navegar entre los glaciares de Alaska es el sueño de muchos viajeros. Pero estos paisajes también esconden peligros que no siempre se pueden ver.

El 10 de agosto de 2025, una enorme masa de roca se desprendió de una montaña y cayó sobre las aguas del fiordo Tracy Arm, cerca del glaciar South Sawyer.

El golpe provocó una ola de unos 328 pies de altura que avanzó a más de 157 millas por hora. Cuando llegó a la ladera de enfrente, el agua subió hasta los 1580 pies, el segundo mayor ascenso de un tsunami registrado en el mundo.

Por suerte, no hubo víctimas. Apenas 12 horas antes, un barco turístico había navegado por esa misma zona.

Pero al estudiar el derrumbe, los científicos descubrieron algo que podría ayudar a prevenir futuras tragedias: la montaña había registrado pequeños movimientos durante los días anteriores.

Cómo fue el derrumbe y hasta dónde llegó el agua

Todo ocurrió durante la madrugada del 10 de agosto de 2025, cuando más de 84 millones de yardas cúbicas de roca se desprendieron de una ladera junto al glaciar South Sawyer.

La enorme cantidad de piedra cayó directamente al agua y levantó una ola inicial de aproximadamente 328 pies de altura.

El agua avanzó a gran velocidad por el fiordo hasta golpear la montaña de enfrente.

Fue entonces cuando alcanzó una altura extraordinaria.

La fuerza del impacto hizo que el agua trepara por la pendiente hasta llegar a una elevación máxima de 1580 pies.

Esto no significa que una pared de agua de ese tamaño recorriera todo el fiordo. Los científicos llaman run-up a la altura máxima que alcanza el agua cuando sube por una ladera.

En este caso, fue la segunda mayor registrada para un tsunami.

La fuerza del agua arrancó árboles y vegetación, dejando una enorme franja de roca al descubierto.

Esa marca permitió a los investigadores conocer hasta dónde había llegado el tsunami.

En apenas unos minutos, una parte del paisaje de Tracy Arm quedó completamente transformada.

Qué señales detectaron los científicos antes del derrumbe

Los investigadores encontraron una pista importante al estudiar los cambios que había sufrido el glaciar South Sawyer.

Durante años, el hielo había servido de apoyo a parte de la montaña. Pero el glaciar fue retrocediendo y dejó a la ladera sin una parte de ese sostén.

Esto pudo contribuir a que la roca se volviera más inestable.

Las lluvias intensas también pudieron influir, porque el agua que entra en las grietas puede aumentar la presión y favorecer los desprendimientos.

Sin embargo, lo más llamativo apareció cuando los científicos revisaron los registros sísmicos.

Durante los días anteriores al derrumbe, los instrumentos habían detectado pequeños movimientos relacionados con la zona donde terminó cayendo la roca.

Y cuanto más se acercaba el momento del colapso, más frecuentes se volvían esos eventos.

Los investigadores pudieron reconstruir lo ocurrido gracias a esos datos, aunque las señales no habían sido reconocidas como una advertencia en tiempo real.

Después del derrumbe, el agua tampoco se calmó enseguida.

Durante unas 35 horas continuó moviéndose de un lado a otro dentro del fiordo.

Este fenómeno se conoce como seiche y ocurre cuando el agua sigue oscilando después de un movimiento brusco, especialmente en lugares estrechos o rodeados de montañas.

Aunque la roca cayó en pocos momentos, sus efectos siguieron registrándose durante más de un día.

Por qué este tsunami representa un riesgo para los barcos turísticos

Tracy Arm es uno de los lugares que visitan las embarcaciones turísticas para observar los glaciares de Alaska.

Y uno de los detalles más inquietantes de esta historia es que un barco había pasado por allí poco antes del derrumbe.

El Hanse Explorer navegó por la zona unas 12 horas antes de que la montaña se desplomara.

El desprendimiento ocurrió alrededor de las 5:30 de la mañana, cuando no había embarcaciones en el área inmediata del impacto.

A pesar de la enorme fuerza del tsunami, no se registraron víctimas.

Pero el episodio dejó una advertencia sobre los riesgos que pueden existir en estos paisajes.

Cuando un glaciar retrocede, algunas laderas pierden el apoyo que antes les proporcionaba el hielo. Esto puede aumentar su inestabilidad, aunque no significa que todas las montañas cercanas a los glaciares vayan a derrumbarse.

Por eso, los científicos consideran importante estudiar estos cambios y prestar atención a los movimientos que se producen en las pendientes

Los pequeños eventos sísmicos registrados antes del colapso podrían ayudar a desarrollar mejores sistemas de vigilancia.

El desafío está en distinguir los movimientos normales de una montaña de aquellos que podrían anunciar un desprendimiento peligroso.

Por ahora, no existe una forma de predecir con certeza cuándo ocurrirá un derrumbe como el de Tracy Arm.

Sin embargo, los datos recogidos en Alaska permiten conocer mejor cómo se comporta una ladera antes de caer y qué ocurre cuando una enorme masa de roca golpea el agua.

En este caso, el tsunami no dejó víctimas, pero mostró lo rápido que puede cambiar un lugar por el que navegan embarcaciones turísticas.

Y las señales que quedaron registradas antes del derrumbe podrían ayudar a los investigadores a reconocer situaciones parecidas en el futuro.

 

Puedes revisar el estudio completo en: Shugar, D. H., Barnhart, K. R., Berdahl, M., Caplan-Auerbach, J., Ekström, G., Fathian, A., Geertsema, M., Hicks, S. P., Higman, B., Jensen, E. K., Karasözen, E., Lynett, P., Lyons, J., Monahan, T., Roe, G., Svennevig, K., Toney, L., Van Wyk de Vries, M., & West, M. E. (2026). A 481-meter-high landslide-tsunami in a cruise ship–frequented Alaska fjord. Science, 392(6803), eaec3187. https://doi.org/10.1126/science.aec3187

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Skarlett Redactora
Skarlett es ingeniera ambiental y redactora con experiencia en investigación y escritura creativa. Se especializa en abordar problemáticas ambientales actuales y en analizar las tecnologías sostenibles que buscan reducir su impacto. Comprometida con el medio ambiente, destaca por ofrecer contenidos claros y objetivos que invitan a la reflexión y fomentan el desarrollo sostenible.

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