Ya estamos en ese futuro en el que se puede imprimir cualquier cosa. Una tortuga que no tenía patas traseras por causa desconocida ha vuelto a caminar. Aunque no pueda hablar, ha cumplido el sueño de todos los que pierden alguna parte de su cuerpo.
Lo más sorprendente es cómo han logrado devolverle la movilidad a este animal.
¿Cuáles son los límites de la tecnología actualmente?
Una tortuga «destinada» a perecer encuentra una nueva oportunidad
Una pequeña tortuga de la especie Gulf Coast box turtle había perdido la movilidad y la ha recuperado gracias a una solución humana, marcada por el ingenio y la creatividad.
Cuando el creador de la solución y cuidador de un acuario conoció a Moses, nombre del animal, este había perdido ambas patas traseras y apenas podía moverse por sí mismo.
Esta tierna historia toca las fibras más sensibles del ser humano, demostrando que, en medio de conflictos, guerras e intereses hay lugar para la compasión.
Aunque parece única, lo cierto es que en el pasado ya hemos sido testigos de otras personas que lo han dado todo por ayudar a animales en apuros.
Un ejemplo claro fue lo que sucedió en el año 2018, cuando veterinarios de Maryland Zoo atendieron a una tortuga terrestre con múltiples fracturas en la parte inferior del caparazón.
Para impedir que el animal apoyara su peso sobre la zona dañada, crearon un soporte con piezas LEGO.
El resultado fue extraordinario. La tortuga se adaptó rápidamente y pudo reincorporarse a su hábitat natural después de su recuperación.
La historia de una tortuga herida sí, un gran paso tecnológico también
Moses es una tortuga que vive en el Mississippi Aquarium, en Gulfport (Estados Unidos).
Debido a la ausencia de sus patas traseras, se desplazaba con severas dificultades.
Para una tortuga terrestre, cuya vida depende en gran parte de su capacidad para explorar el mundo marino y buscar alimento, esa limitación puede acelerar su final.
Al conocer su caso, un cuidador del acuario, conocido en redes sociales como Jawscritters, decidió ayudarla. Tenía una idea, pero necesitaba pulirla.
Por eso, el resultado final no solo provino de su ingenio, sino de una colaboración abierta que surgió alrededor de un diseño.
Mientras trabajaba en la solución perfecta para la tortuga, el cuidador compartió sus avances y dudas en diversas comunidades de internet, donde recibió varias sugerencias para mejorar.
Finalmente, publicó los archivos en línea para que cualquier persona con una impresora 3D pueda fabricar lo mismo en casos parecidos.
Solución que le devolvió la movilidad a una tortuga que la había perdido
La tecnología que permitió que esta tortuga volviera a caminar fue una silla de ruedas impresa en 3D.
En menos de 24 horas, el profesional ya tenía la primera idea y en aproximadamente una semana ya contaba con los prototipos funcionales.
La primera pieza era relativamente simple.
Se trataba de una estructura ligera con ruedas fijada a la parte posterior del caparazón a través de un pequeño arnés.
A raíz de las sugerencias recibidas, se hicieron varias mejoras, como la colocación de unas ruedas más estrechas (para facilitar los giros), ejes más cortos (que disminuyen la resistencia al movimiento), un diámetro de rueda menor (mejorando así la estabilidad) y surcos en la base (que incrementan el agarre con el suelo).
Proyección de esta tecnología
La entrañable historia de Moses podría abrirle la puerta a este tipo de tecnologías colaborativas.
De cara al futuro, podríamos ver con más frecuencia redes de colaboración entre veterinarios, ingenieros, diseñadores y comunidades maker.
El avance tecnológico se basa mucho en el estudio y en el cálculo, pero también en la intuición y el saber escuchar. Lo que ha pasado con esta tortuga demuestra que, cuando la ciencia se combina con la sensibilidad hacia la naturaleza, incluso lo que parecía perdido puede volver a moverse. Puede que en un futuro no muy lejano encontremos la «fórmula perfecta» para que las tortugas vivan todavía más.
