Nadar con una trampa para cangrejos enredada en el cuerpo podía terminar muy mal para este manatí.
Eso fue lo que le pasó a una hembra que nadaba en las costas de Georgia.
Las cuerdas se habían enganchado detrás de su cabeza y alrededor de una de sus aletas. Y cuanto más intentaba moverse, más se apretaban.
Por suerte, alguien se dio cuenta.
Un guía que navegaba por la zona vio que el animal tenía problemas y decidió pedir ayuda.
A partir de ahí comenzó un rescate que duraría dos días y que incluso tuvo que detenerse por una tormenta.
¿Cómo consiguieron encontrarla otra vez y terminar de liberarla?
Cómo empezó el rescate y la carrera contra el tiempo
Todo ocurrió cerca de la zona donde se juntan los ríos Mackay y Hampton.
El capitán Davis Galland, que trabaja como guía de lanchas en la isla de St. Simons, estaba haciendo uno de sus recorridos cuando vio a una hembra de manatí.
Algo en ella le llamó la atención.
Cuando se acercó un poco más, vio que llevaba una trampa para cangrejos enredada en el cuerpo.
Las cuerdas pasaban por detrás de la cabeza y también rodeaban la aleta derecha.
Cada vez que el manatí intentaba avanzar, se tensaban y le lastimaban todavía más la piel.
Galland entendió que el animal necesitaba ayuda y avisó a los especialistas.
Cuando los biólogos llegaron, comprobaron que las cuerdas estaban demasiado enredadas como para que el manatí pudiera soltarse por su cuenta.
Pero liberarlo tampoco era tan sencillo.
Había que acercarse a un animal de cientos de kilos, cortar las cuerdas sin hacerle más daño y conseguir que permaneciera cerca el tiempo suficiente.
Un operativo de dos días coordinado por expertos
El equipo del Departamento de Recursos Naturales de Georgia decidió hacerlo por partes.
Primero le colocaron un dispositivo de rastreo.
Así podrían saber dónde estaba si se alejaba antes de que consiguieran quitarle todas las cuerdas.
Ese mismo día lograron retirar la parte más pesada de la trampa.
Parecía que el rescate iba por buen camino, hasta que el tiempo cambió.
Se acercaba una tormenta y continuar ya no era seguro.
No tuvieron más opción que detenerse y confiar en que el dispositivo les permitiría encontrar al manatí al día siguiente.
Y funcionó.
El 30 de julio siguieron la señal y dieron nuevamente con ella.
Esta vez se sumaron especialistas de Florida, del servicio de pesca estadounidense, del Acuario Clearwater y estudiantes de la Universidad Estatal de Savannah.
Entre todos consiguieron cortar las cuerdas que todavía seguían alrededor de su cuerpo.
Después de dos días, el manatí finalmente quedó libre.
Una historia que deja una lección importante
Cuando las autoridades revisaron sus registros, encontraron un dato que hizo todavía más particular el caso.
Era el primer manatí enredado en una trampa para cangrejos documentado en aguas de Georgia.
Querer ayudar no siempre significa acercarse.
Un manatí pesa cientos de kilos y, si está herido o asustado, puede moverse de manera inesperada. Intentar cortar una cuerda sin saber cómo hacerlo puede terminar lastimándolo todavía más.
Por eso, lo mejor es avisar a quienes saben cómo actuar.
Eso fue justamente lo que hizo Galland.
Estaba trabajando como cualquier otro día, vio algo que no le pareció normal y llamó para pedir ayuda.
Después vinieron los biólogos, el rastreador, una tormenta que obligó a dejar todo a medias y un segundo día de búsqueda.
No fue un rescate rápido ni perfecto.
Pero pudieron volver a encontrarla.
Cortaron las últimas cuerdas y, esta vez sí, la vieron alejarse nadando por su cuenta.
¿Te ha servido este artículo?
Recibe cada semana lo que de verdad importa
Análisis de energía, clima y naturaleza en tu correo. Gratis y sin spam.



