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El futuro de la Madre Tierra en manos del Hombre

14/05/13 Por Carlos Fermín

Quizás hemos perdido la capacidad de sorprendernos ante el milagro fortuito de existir. Cuando el Sol nos concede el privilegio de ver la luz de un nuevo amanecer, y disfrutar cada mañana de su clarificadora sabiduría, nos hace reflexionar sobre si realmente merecemos tener un hogar bendito llamado Tierra.

Todos los días padecemos de una mezquina egolatría que se pregunta: ¿Por qué amar y respetar a la Madre Tierra, si cada año las inundaciones, los incendios forestales, los huracanes y los terremotos, matan a miles de personas en el Mundo? Sería triste, absurdo y simplista, culpar de nuestras desgracias a la genuina nobleza que habita en el corazón de la Pachamama.

En gran medida, los desastres naturales que acaban con el utópico latido de la existencia humana, son causados por el círculo vicioso de irrumpir, explotar y rentabilizar la biodiversidad que manipulamos a propia conveniencia. Hay quienes se debaten entre preservar el Medio Ambiente y sus legendarios recursos naturales o asumir una total indiferencia en adoptar una vida ecológica integral. La disyuntiva queda al desnudo, si olvidamos el grado de influencia positiva o destructiva, que la acción del Hombre provoca en el entorno que alberga.

Nos equivocamos al suponer que la Ecología, es una realidad esquiva de los problemas que cotejamos en el afer diario. Todos necesitamos de la sana interacción del trinomio Hombre-Medio-Sociedad, para desempeñar con éxito las actividades académicas, laborales u hogareñas. Si desconocemos esa simbiosis, y le damos la espalda al conservacionismo de mantener el equilibrio de los ecosistemas, se produce un descontrol socio-ambiental en el que siempre pagarán justos por pecadores, y la impunidad nunca se alejará del incierto horizonte que afrontaremos.

Quizás hemos perdido la capacidad de sorprendernos ante el milagro fortuito de existir. Cuando el Sol nos concede el privilegio de ver la luz de un nuevo amanecer, y disfrutar cada mañana de su clarificadora sabiduría, nos hace reflexionar sobre si realmente merecemos tener un hogar bendito llamado Tierra. Gracias a la fuerza de gravedad, el astro rey nos sigue demostrando que tan sólo uno de sus planetas, cuenta con la fortuna de albergar las condiciones idóneas para la Vida. No importa si viajas por la órbita de Venus, Marte, Júpiter o Saturno. Entre el infernal calor, el excesivo frío y las grandes presiones atmosféricas, tendrás que volar de nuevo a nuestro único hábitat de Supervivencia. Pero, es contradictorio que la dicha de contar con un cuerpo celeste en forma geoide, lleno del sagrado oxígeno de la Naturaleza, nos aliente a hipotecar su futuro en las turbias aguas de la guerra a mansalva.

La perversa astucia política del Tío Sam, en emprender viajes siderales en busca de Vida extraterrestre y zonas habitables que hagan sonreír a Ricitos de Oro, sólo demuestra el gran antivalor de justificar el fin por el Medio. El hecho de lidiar con un Mundo lleno de desigualdades socioculturales, en el que la gente muere por una gota de agua en la penumbra de las calles, parece no inquietar en absoluto al capricho de invadir, conquistar y expropiar las potencialidades ajenas. Es el perfecto plan de ataque para recibir todo el dinero que se cuela en la sangre de la codicia, la ignorancia y la autodestrucción del Ser. Un fuerte apretón de manos, el flash de una cámara fotográfica y esa noticia que venderle a los borregos de turno, son recompensas suficientes para que el Diablo siga apoderándose de los recursos naturales que cohabitan en la inocencia de la Pachamama.

Sin embargo, una mágica revelación que se escondía en las cenizas del fuego, nos hizo comprender que la Madre Tierra, no siempre estuvo condicionada al inicuo deseo de su némesis. En épocas remotas, ella dio a luz a un noble hijo quien con el paso de los siglos, se convirtió en la tinta indeleble de mis palabras. Fue así, como fecundó al "Hombre aborigen", el primer retoño quien sin miedo caminaba descalzo, a través de los pueblos nativos que iluminaban su curioso andar. Con gran ímpetu y valentía, aprendió a reconocer los grandes tesoros que exhibía la Naturaleza y supo aprovecharlos para evitar extinguirlos. Logró evolucionar en un Ser humano sabio que respetaba los designios del espíritu de Gaia y entendía que en lo más profundo de su alma, se presagiaba el destino de las generaciones futuras.

Siendo un tanto ingenuo, atentó contra el legado de sus ancestros, al confiar en las liturgias foráneas ofrecidas por los nuevos pobladores, quienes lo esclavizaron y obligaron a usurpar un sinfín de territorios que poco a poco se fueron carcomiendo lo azul de los majestuosos mares, lo verde de los enigmáticos bosques y lo blanco de la helada Antártida. Teniendo que caminar entre las filosas astillas de la Tierra, se acostumbró a perder la razón en el arco y flecha de la guerra, en el dilema de ocultar un dogma y en la opresión de revelar la ciencia. Tras abrir los ojos, cayó preso de un bestial proceso de industrialización, que NO dudó en hacerlo vender el alma de la Pachamama, sólo por el anhelo de envenenarla con las riquezas que afloran del ecocidio

Fue así, como reencarnó en el "Hombre irracional", el hijo bastardo de la Sociedad Moderna, quien todo lo echa a perder por ese culto superfluo de acabar con la herencia que sin rencores ni exigencias, recibió en las lágrimas de su progenitora. Aguardando no enlodarse los pies, al tocar lo orgánico que se halla en la sombra de la tierra, los Seres humanos se rindieron ante los antivalores que trajo consigo el desarrollo tecnológico y el individualismo, para nunca más escuchar el golpe que atravesaba las cadenas del Yembe africano.

Abriendo la puerta del siglo XXI, la evolución de los colonizadores se eclipsó en un Mundo lleno de hipocresía, corrupción, venganza y violencia por doquier, que nos aferra a ese gran signo de interrogación en la psique de nuestros antepasados. Muy cerca del abismo, el canibalismo corporativo de las trasnacionales, lleva al consumismo irracional de las personas en adquirir cualquier producto y servicio que pase frente a los ojos publicitarios de la TV. El discernir colectivo en la gente, se pierde por una eterna complicidad entre la presa, el depredador y los comensales.

Con un arsenal de bombas, misiles y cohetes que tiñen de rojo el cielo, seguimos glorificando a la muerte y sobrepoblando cualquier inhóspito rincón del planeta Tierra. El afán de procrear biológicamente, para apagar la luz de esperanza a niños en situación de abandono, nos sigue desuniendo al ritmo de las razas, los himnos, las banderas y los colores. La familia es la mirada omnipresente que en absoluto silencio, se encarga de permitir toda esa aberración social, aleccionándonos a rendirle pleitesía a todo lo fútil que pasa frente a las voces del tiempo.

Sin ya nada que perder y muchísimo por ganar, la Pachamama sabía que sólo la voluntad de los niños era capaz de remediar o terminar de acabar con el caos global que confrontamos a diario. Fue así, como emergió el "Hombre Ecológico", quien será promesa de un futuro lleno de conciencia ambiental, en el que la infancia de hoy, NO olvidará defender la pureza de la Tierra, en busca de un lugar más sostenible y sustentable para todos. Con el fin de lograrlo, la educación temprana sobre nuestra relación con la Naturaleza, es clave para que la apatía de nuestros padres, maestros, vecinos y amigos, no se siga comiendo las horas del raciocinio lógico en estimar todo lo verde que nos rodea.

Cuando le enseñamos a los muchachos, la importancia de adoptar el gran valor de la Ecología en sus vidas, permitirá que NO se dejen engañar por la tentación del apego a lo material y así el llanto de su madre será más fácil de apaciguar. De allí, que el civismo, la tolerancia y la empatía, son senderos de luz que mitigarán la oscuridad de la realidad “real” que vivimos. Ellos deben ser agentes de cambio dentro de sus comunidades, con el propósito de llevar y compartir el mensaje optimista a la población que habitan. La práctica de las 3Rs (reciclar, reutilizar y reducir), el ahorro de energía eléctrica al apagar las luces del hogar o la oficina, la gracia de no despilfarrar el agua potable y el imprimir en la computadora sólo los trabajos que fueron corregidos previamente desde el monitor; son ideas útiles que contribuyen a la paz del Medio Ambiente y renovarán tu relación con los demás.

A su vez, el deber de la corresponsabilidad ecológica, es crucial para redefinir el estilo de vida y asumir el compromiso de velar por los intereses naturales. Esa afirmación, se ejercita al NO asistir a eventos de crueldad animal, que utilizan el instinto de la fauna silvestre para el repulsivo lucro ajeno. Propiciar el vegetarianismo por decisión propia y no por obligación, es una saludable alternativa que considerar. Todos podemos aprender de los errores para lograr autodescubrirnos y ser dueños de nuestro propio destino. El desconsuelo de ver, sentir y palpar toda esa negatividad que se esconde en la veta de un árbol talado, en la sangre de quien ahoga a un delfín y al saber que justo en este momento, mientras usted lee mi artículo de opinión, se cometen delitos en contra de la Naturaleza, nos debe seguir motivando a luchar en su nombre y denunciar oportunamente cualquier daño ambiental que conozcamos.

Si quieres ayudar a que el sueño de Gaia sea una agradable realidad por descubrir, pues despierta la voluntad del “Hombre aborigen”, rechaza el consumismo del “Hombre irracional” y reinventa tu futuro en manos del “Hombre Ecológico”. Así, ya no tendremos que culpar de todas nuestras desgracias a la Madre Tierra, quien nos seguirá abrazando en su manto de infinita sabiduría. Ecoportal.net

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