Los coches autónomos nos han demostrado que una máquina puede interpretar lo que ocurre a su alrededor.
Ahora, esa misma tecnología se enfrenta a un reto mucho mayor.
Detener un coche es una cosa. Ayudar a aterrizar un avión comercial de varias toneladas es algo completamente distinto.
Por eso, Airbus está desarrollando un sistema de visión artificial pensado para asistir en una de las maniobras más delicadas de cualquier vuelo.
La idea no es reemplazar a los pilotos ni convertir los aviones en aeronaves completamente autónomas. Lo que busca la compañía es utilizar herramientas similares a las de los vehículos inteligentes para ofrecer más información en el momento en que más se necesita.
¿Qué podría cambiar en la aviación si la inteligencia artificial empieza a ayudar durante los aterrizajes?
Por qué el aterrizaje es el escenario ideal para poner a prueba la visión artificial
Para la mayoría de los pasajeros, el aterrizaje parece una parte más del viaje.
El avión desciende, toca la pista y, pocos minutos después, todos están recogiendo su equipaje.
Pero en la cabina ocurre algo muy diferente.
El aterrizaje es una de las fases más exigentes de todo el vuelo. En cuestión de minutos deben coordinarse los pilotos, las computadoras de a bordo, el estado de la pista, las condiciones meteorológicas y la infraestructura del aeropuerto.
Todo tiene que funcionar en perfecta sincronía.
Para añadir una capa extra de información durante ese momento, Airbus está desarrollando la Vision Landing Application, un proyecto de investigación basado en visión artificial.
El sistema utiliza cámaras instaladas en el exterior del avión para observar la pista en tiempo real.
Las cámaras analizan las líneas de referencia, los bordes y otros elementos del entorno para ofrecer una referencia adicional sobre la posición de la aeronave.
No se trata de sustituir los sistemas de aterrizaje actuales.
La idea es sumar una herramienta más, especialmente en situaciones complicadas o en aeropuertos con menos infraestructura tecnológica.
En determinados escenarios, contar con una fuente adicional de información puede marcar una gran diferencia.
Los avances de los sistemas automatizados
Utilizar cámaras y sensores para que un vehículo entienda dónde está y qué ocurre a su alrededor ya es una realidad en distintos medios de transporte.
Aunque todavía existe cierta desconfianza hacia estas tecnologías, la industria sigue investigando cómo utilizarlas para mejorar la seguridad.
En esa línea, Airbus lleva cerca de diez años probando cámaras y sensores en diferentes prototipos.
El objetivo es que los aviones puedan interpretar visualmente el entorno y disponer de más información durante el aterrizaje.
El siguiente paso es desarrollar una «IA integrada».
Esto significa que el procesamiento de los datos se realiza dentro de las propias computadoras del avión, sin depender de servidores externos.
Puede parecer un detalle menor, pero en aviación no lo es.
Los aviones operan bajo requisitos extremadamente estrictos de energía, fiabilidad y seguridad. Cada sistema debe ser analizado, probado y validado al detalle antes de incorporarse a un vuelo comercial.
Airbus busca mejores herramientas para las tripulaciones del futuro
Por ahora, esta tecnología sigue en una fase de investigación.
Airbus ha mostrado sus avances, pero una eventual certificación para vuelos comerciales todavía está lejos.
Los expertos insisten en que hay que avanzar con prudencia.
El objetivo de incorporar inteligencia artificial en la cabina es bastante más sencillo de lo que muchas personas imaginan: ofrecer más información y mejores herramientas a las tripulaciones.
La idea es ayudar a los pilotos a gestionar determinadas tareas y darles una visión más completa de la situación, especialmente cuando la visibilidad es reducida o las condiciones son más exigentes.
Todavía pasarán años antes de que estas funciones lleguen a los vuelos comerciales.
Antes deberán superar numerosas pruebas técnicas y procesos regulatorios especialmente rigurosos.
Al final, el objetivo de esta tecnología no es que los aviones aterricen solos ni que desaparezcan los pilotos de las cabinas.
La verdadera meta es mucho más práctica: darles mejores herramientas para tomar decisiones y hacer que cada aterrizaje sea un poco más seguro que el anterior.
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