Los perros que viven cerca de la central nuclear de Chernóbil tienen algo que ha llamado la atención de los científicos: su ADN es muy diferente al de otros perros que habitan en la ciudad, a solo 10 millas de distancia.
Ambos grupos viven en una región marcada por el accidente nuclear de 1986, pero sus diferencias genéticas son mayores de lo que cabría esperar por la distancia que los separa.
Un nuevo estudio encontró señales de selección natural que podrían ayudar a entender lo que ocurrió con estas poblaciones.
Aunque hay algo que todavía no está claro: cuánto influyeron la radiación y los demás contaminantes presentes en la zona.
Por qué los perros de la central son tan diferentes de los de la ciudad
Los perros de la ciudad de Chernóbil tienen un perfil genético parecido al de otras poblaciones de Europa del Este.
Los que viven cerca de la central, en cambio, son bastante distintos.
Para investigar por qué, los científicos analizaron el ADN de 33 perros de la central y 30 de la ciudad. Antes, habían descartado animales estrechamente emparentados o con ascendencia mezclada para evitar que alteraran los resultados.
También compararon sus datos con los de otros perros, incluidos algunos que viven aislados en las islas Galápagos.
Y encontraron algo llamativo: los perros de la central eran genéticamente más diferentes que algunas de esas poblaciones separadas por grandes distancias.
Los investigadores comprobaron si el aislamiento, el tamaño de las poblaciones o la pérdida de diversidad genética podían explicar esas diferencias. Pero ninguno de esos factores parecía suficiente.
La radiación era otra posibilidad.
Sin embargo, un estudio anterior no encontró pruebas de que los perros cercanos a la central hubieran acumulado más mutaciones capaces de explicar por sí solas sus diferencias genéticas.
Eso no significa que la radiación no haya tenido ningún efecto. Simplemente, todavía no se sabe cuánto pudo influir.
Qué encontraron los científicos al estudiar su ADN
En el nuevo estudio, los investigadores de la Universidad Estatal de Carolina del Norte, identificaron más de 100 regiones del genoma con señales que podrían estar relacionadas con la selección natural.
Algunas intervienen en procesos como la reparación del ADN, las defensas del organismo, la inflamación y la supervivencia de las células.
La selección natural ocurre cuando ciertas características ayudan a los animales a sobrevivir o reproducirse y, con el paso de las generaciones, se vuelven más comunes.
Los científicos creen que algo parecido podría haber ocurrido con los perros de la central.
Pero hay una diferencia importante entre encontrar señales de selección natural y demostrar que los animales se adaptaron a la radiación.
Por ahora, no hay pruebas de que estos perros sean más resistentes a sus efectos ni de que las variantes genéticas encontradas les permitan vivir más tiempo o tener más crías.
Además, la radiación no es el único factor ambiental que podría haber influido.
En la zona también hay metales tóxicos y otros contaminantes. Incluso es posible que algunas de las variantes ya estuvieran presentes antes del accidente y se transmitieran de una generación a otra.
El problema es que todavía no se puede saber qué papel tuvo cada uno de esos factores.
Qué falta por descubrir sobre los perros de Chernóbil
Los investigadores ya saben que los perros de la central y los de la ciudad tienen diferencias genéticas importantes.
Lo que falta es entender qué significan para los propios animales.
Por ejemplo, todavía deben comprobar si las variantes encontradas influyen en su salud, su capacidad para sobrevivir o la posibilidad de tener crías.
También necesitan estudiar mejor las condiciones de cada lugar. Aunque las dos poblaciones viven relativamente cerca, no han tenido necesariamente los mismos antepasados ni han estado expuestas a los mismos contaminantes.
Todo eso puede influir en sus características genéticas.
Por eso, sería incorrecto afirmar que los perros de Chernóbil se volvieron inmunes a la radiación o que encontraron una forma de vivir sin sufrir sus efectos.
El estudio tampoco demuestra que la radiación haya sido la responsable de las diferencias observadas.
Lo que encontraron los científicos son señales de que la selección natural pudo intervenir en la historia de estos animales.
Ahora queda averiguar qué condiciones favorecieron esas diferencias y, sobre todo, si realmente les ofrecen alguna ventaja para vivir en esa zona.
Puedes revisar la investigación completa en: Dillon, M. N., Roberts, R. B., Betz, J. A., Mousseau, T. A., Kleiman, N. J., & Breen, M. (2026). Evidence of selective response in the free-breeding dog population in Chornobyl. Genes, 17(10), 1195. https://doi.org/10.3390/genes17101195
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